viernes, 7 de septiembre de 2018
Amy Tan
Uno de mis libros favoritos es El Club de la Buena Estrella, porque habla de la dialéctica de las historias que trasmitimos las mujeres, entre nosotras. Esas cosas que los hombres no saben, que muchas veces nos callamos porque son tan terribles que nos dan miedo de nombrarlas, de recordarlas (otro libro en ese estilo es The Help). Y a los hombres quizás algunas les parecen cuestiones mínimas, pero, tan complejo es el pensamiento femenino que para nosotras son cargas pesadísimas. Haber encontrado amor sincero en una compañera de secundario y haber renunciado a él por miedo al que dirán, a las burlas, haber dado tu hijo/a en adopción porque en ese momento tenías catorce años, trabajabas de mucama cama adentro y te iban a echar, enojarte con tus padres e irte de casa a buscar mundo creyendo que el mundo exterior es un paraíso y cuando querés volver encontrar que tus padre murieron, pelearte con tu tía por cuestiones nimias olvidando las cosas que hizo por vos cuando era chica. Los hombres se ríen, las mujeres no. Es difícil ser mujer porque las mujeres sostenemos, como dicen los chinos justamente, la mitad del cielo, y la parte nuestra es más parecida al purgatorio que al cielo feliz de un potrero.
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