The Mediterranean
This time of year it's so fashionable
Queen
Guillaume Colding. Barceloneta.2020
Lo mejor eran las rosas y las visitas de su amigo Enrique. Las rosas eran por culpa de su mujer, muerta hacía dos años; ella había nacido en un pueblo de Yorkshire donde el principal atractivo era el Campeonato Anual de Jardines. Su amigo Enrique D' Oliveira había sido epistolar durante años (no usaba computadora, nunca le había interesado) hasta que repentinamente un día había aparecido en su puerta. Estaba viviendo en Turín, y venía de visita cada dos semanas. Hablaban de las novelas de Colding, exitosos bestsellers de distopía violentísimas que contradecían su aspecto de viejo monje benedictino. Ganaba mucho dinero gracias a ellas y no sabía muy bien que hacer con él. Invertir en esquejes, pensaba. A su muerte, sus hijos heredarían una parte. El resto...
En ese momento sonó el timbre de su casa. Era Enrique; le había avisado que vendría hacía tres días atrás, por telegrama.
Hola, Enrique, le dijo. ¿Quieres un te?
Gracias, contestó él.
Vengo a decirte que dentro de poco me iré.
Guillaume se quedó sentado, pensando.
Se lo temía hace tiempo.
¿Estás enfermo? le preguntó. Puedo ayudarte...
Su amigo sonrió.
No, gracias, pero no es eso. Viajaré a un lugar lejano.
¿La Polinesia? le preguntó. Podemos seguir carteándonos.
No, no es la Polinesia.
Es más lejano.
¿Conoces la nebulosa de Medusa?
Si, claro, dijo Guilaume.
Hay un sistema solar parecido a este.
Enrique, creo que estás drogado.
Ojalá lo estuviera.
Guillaume pensó en sus rosas y en sus libros, exitosos entre adolescentes parisinos y marroquies que a veces venían a visitarlo y a los que aburría mortalmente mostrándole su colección de tés y de mariposas exóticas.
¿Habrá un lugar donde se pueda plantar rosas en ese planeta? le preguntó a Enrique.
Supongo que sí, le respondió su amigo.
Voy contigo.
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