cuando estoy triste lijo
mi cajita de música
no lo hago para nadie
solo porque me gusta
José Pedroni
Poet Will, llanura de Tlore
En unos segundos llegaré con l' Ansal, Pauline y Rodrick. Tendrás que darles refugio, le había dicho el Turco.
A Will le gustaba su cabaña. Tenía algo de Heidi, sin las montañas y las cabras. Ni Clara en silla de ruedas. Allí escribía poemas e historias del pueblo más cercano; un refugio de mestizos en un valle no demasiado hondo, llamado Aro.
No le gustaba la máquina. La había visto funcionando en todo su poder y no quería verla nunca más. Aunque si los esbirros del Rey la buscaban, poco refugio podía darles. Tomó el trozo de madera que había cortado el día anterior (¿eucalipto? ¿temorand?) y se puso a tallarlo.
El Turco entró primero. Tenía la pistola ya amartillada en el bolsillo, como siempre (para qué perder tiempo, era la respuesta que daba cuando lo reprochaban su imprudencia).; detrás l' Ansal, la Rosa, y luego Pauline y Rodrick.
¿Cuantos días tenemos? preguntó Will, sin preámbulos.
Uno, dos a lo máximo, repondió l' Ansal.
Tendremos que ir a Aro. Pero iré yo y el Turco primero.
Puedo ir yo solo.
Te matarán, dijo Will. No te conocen.
A mí sí.
Iré a buscar semillas y leche de chivitos, como siempre, y de paso veré si hay algún lugar donde se puedan esconder. No creo que quieran. Han sufrido muchas matanzas por culpa de nosotros.
Ya lo sé, dijo l' Ansal.
Llevaré también esta madera de eucalipto. Les prometeré que les enseñaré a construir armas, cosa que siempre me han pedido y a la que siempre me he negado.
Yo puedo enseñarles a construir revólveres, que son innegablemente más efectivos, dijo el Turco.
Ustedes quedénse aquí. En el establo hay pasto seco; si se acercan los soldados del rey, escóndase allí. Junto con Veltrán y Epsilón, la lagartija.
¿Veltrán está aquí? preguntó Pauline. Ya quiero ir a verlo.
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