Argentina es un país de grandes actores y actrices y dramaturgos. Nunca se le escapa a la tragedia, a la comedia, al drama; inclusive los que recién empiezan sueñan con protagonizar Broadway o la calle Corrientes. Eso es verdadero espíritu artístico. Algunos, por ejemplo, se escandalizan conque Susana Giménez sea considerada una buena actriz; quizás no en una tragedia, pero si en la comedia. Gimenez tiene soltura, tiene alegría natural, tiene esa chispa que pocas mujeres tienen naturalmente. Cuando se la ve actuar en pasos de comedia en su programa, uno se da cuenta de que en eso es buenísima, y que además tiene mucha voluntad de trabajo. Eso para que dejemos de creer que los grandes divos y divas vienen de Hollywood o de Paris.
Martina Gusman me parece muy, muy buena. Primero de todo, es cinematográfica. Da bien en cámara. Eso es importante a la hora de filmar. No estoy hablando de belleza; hay chicas bellísimas que una las ve filmadas y son intrascendentes. (Valeria Mazza es un ejemplo; es muy linda, es una modelo muy linda. No estoy hablando mal de ella, ojo). Después, yo entro al cine y puedo creer que es una médica adicta a la morfina o una chica bien de las clases altas, y nunca me lo cuestiono. Suspendo toda mi incredulidad, porque en ese momento no estoy viendo a Martina Gusman; estoy viendo a ese personaje. Siento la tragedia de ese personaje. De todas maneras, yo creo que un buen ejercicio para los actores y dramaturgos (sobre todo para los que provienen de la clase media) sería en un momento correrse de ese pensamiento de clase media. De ese, los ricos están allá arriba y los pobres están allá abajo. Roberto Arlt era pobre. Discepolo era pobre. Walsh era pobre. Maradona era pobre. Hasta Susana Gimenez era pobre, tuvo por suerte un titulo de maestra normal, que era la maxima aspiracion en los años 60 para una mujer. Ahora parece nada, en los 60 ser maestra normal era ser una futura directora de escuela. Algo de esa voluntad de trabajo que tienen los mas postergados, de los que mas se burlan, en algun lugar les tiene que resonar en la cabeza. Ahora hay mucha gente que llega a la fama por ser escandalosa; la fama, obviamente, no les dura nada, porque la fama es lo contrario al escándalo. Victor Hugo no fue famoso por ser escandaloso; escribió Los Miserables, Notre Dame de Paris y El hombre que ríe, y a partir de ahí sera recordado por siempre.
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