jueves, 20 de septiembre de 2018

La muerte de un rey. 49 parte

                                                                             They are called the dead who lived through their deaths,
And among my people
They are considered wise and honest.

They float out of their bodies
And light on the ceiling like a moth,
Watching the efforts of everyone around them.

The voices and the images of the living
Fade away.

                                       Frank Standford

                                                                                  José el de las Cabras, refugio de Sarar.

Lo único que queda es arrasar con ellos, dijo Tiffany.
Cálmate, Tiffany, dijo Sarar.
Cuando te enojas eres terrible. 
¿Qué estás diciendo? Tu le prometiste a Amparo que nunca le pasaría nada a Eliza. 
Nada puede pasarle a Eliza. Somos inmortales ¿lo olvidas?
José carraspeó. Hablaba muy mal, porque estaba acostumbrado a hablar con sus cabras más que con gente. 
No entiendo porqué Lisbeth les dijo donde estaba La Máquina.
Oh, dijo Sarar, porque Lisbeth siempre será una niña. Una niña de dieciséis años feliz porque su madre sobrevivió gracias a nosotros. Por eso rescató a ese niño, lo cuidó y le dió amparo, aunque era lo único prohibido. No concibe la maldad, no la entiende. Quizás sea la mejor de nosotros. Hasta su madre lo piensa. 
Mi hija era parecida a ella, dijo José. No sé cuál será la mejor estrategia, pero si los morantes de este planeta encuentran a Pauline y a Rodrick, sé que será una masacre. He viajado por casi todo este territorio. He llegado incluso hasta el borde de las quebradas áridas del este.
No me interné en ellas porque no hay casi vida allí.
¿Que quieres decir, con casi no hay vida?
Hay lagartos y escorpiones y dadoras de vida.
¿Y cómo es el viento?
Espantoso y helado.
Eres un genio, José.
Bueno, dijo José, ya sé que ayudé mucho a que este viaje fuera posible, pero había muchos especialistas. Yo fui el único que respondió al anuncio, pero sabes, mis circunstancias...
No es por el hipotálamo, dijo Sarar. Rodrick, Gaspar, alguno de ellos lo hubiera resuelto. No, es por el viento. ¿Sabes que significa un viento espantoso y helado en un desiertos?
No. Yo siempre viví en Cuba.
El oceáno. Un oceáno cerca. Y si hay oceáno podemos escaparnos.
Ojalá tengas razón, dijo José.
¿Pero habrá otros continentes?
Quizás no. dijo Sarar.
Pero siempre hay islas.
Tendremos que hacer balsas para mis cabras. Sobre todo para la Parda. Dentro de poco tendrá cabritos.
Me parece bien, dijo Sarar. Le avisaré a Indigo. Está preocupada por Aro y razones no le faltan.

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