Lo terrible de existir es que uno siempre es el villano en la vida de alguien. Uno puede ser buena persona, pero por acción u omisión uno es mala persona para alguien. Voy a contar una anécdota personal que no me llena precisamente de gloria: yo me peleé una vez con una compañera de oficina. Era una mujer mayor, amargada, que lo único que tenía era su madre, a la que adoraba, y tenía dos trabajos. No se permitía disfrutar de la vida porque era de esas mujeres de antes, para las cuáles disfrutar era un pecado. Yo era una chica joven, con un hijo, ultra feliz porque mi hijo era saludable y crecía bien y mi familia estaba bien. Creo que a sus ojos era una especie de monstruo.
Yo traté de llevarme bien con ella. Traté de ayudarla con el trabajo, que era rutinario pero no terrible, de ser amiga. No quiso. Un día me gritó y me trató mal por una tontería. Nunca más le hablé. Al poco tiempo su mamá murió y me dió mucha pena, pero ella seguía tratándome como si yo le hubiera hecho algo malo. Al poco tiempo murió y fuí al velorio. Y me sentí mal de que hubiera muerto, pero al mismo tiempo pensé que yo no podría haber hecho nada para que ella fuera feliz porque ella no quería ser feliz.
Uso esta historia para defender a Woody Allen. Woody Allen es un genio de la historia cinematográfica, sus películas son perfectas, vivídas, hermosas, alegres, a veces trágicas. Ama el jazz y nunca fue a buscar el Oscar que se merecía. Y no dudo que para Mia Farrow Woody Allen es sin duda su villano. A veces pasa. Es la dialéctica de la vida. A veces una mujer que va y va abandonando hombres para buscar el hombre ideal, termina descubriendo que la mujer ideal de su hombre es su hija adoptiva. Es la historia del mundo.
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