domingo, 30 de diciembre de 2018
Un adolescente que se suicidó en Bariloche.
Hay movimientos del feminismo que me hacen mucho ruido y uno de ellos es el #Me Too. Perdón la sinceridad, pero el #Me Too de celebrities por redes sociales me suena a doncellitas medievales que usan cinturones de castidad o a mujeres sureñas del siglo XX que decían que un negro las había rozado para que lo lincharan. Suena a que las mujeres no controlamos nuestra sexualidad: suena a que nosotras nunca queremos tener sexo con nadie y cuando tenemos sexo es porque nos acosaron o nos obligaron los hombres. Eso es pasividad, no feminismo. La exposición pública de nombres de hombres, conocidos o desconocidos, se tomó como una buena noticia; a mí me pareció desastrosa. Hoy un adolescente se suicidó en Bariloche porque una amiga que estaba enojada con él lo denunció falsamente en una marcha feminista como acosador: pienso en la familia de ese adolescente, pienso en esa chica que por un enojo o un capricho terminó haciendo que su amigo se suicidara: va a tener que vivir toda su vida con eso y es irreversible. El feminismo, las personas que se dicen feministas, tendrían que pensar en lo que dicen por redes sociales. Ya que le pedimos tanto a los hombres que se deconstruyan, también deconstruyamonos nosotras las mujeres. ¿Queremos tener los mismos derechos que los hombres? Eso implica las mismas obligaciones, aunque a la mayoría no nos guste nada. A las mujeres nos encanta pensar que somos mejores que los hombres por ser mujeres: no es cierto. Nos cuesta mucho asimilar nuestras responsabilidades, ahora que nuestros derechos son iguales a los de ellos. Tenemos que hacernos cargo de las cosas que hacemos y decimos, no quejarnos todo el tiempo de lo malo que es el patriarcado y que no nos deja hacer nada con nuestra vida, porque eso no es patriarcado, es vagancia pura y llana. Si querés ser médica, sé médica y no te quejes. Si querés ser música, sé música y no te quejes. Si tu novio te deja por otra, superalo. Si un hombre te acosa, denuncialo a la justicia, no a las redes sociales. Las mujeres nos estamos convirtiendo en un muro de lamento humano, que en realidad hace años y años que venimos siendo desde que los divorcios son express y los hijos no son obligatorios. Hagamos algo de nuestras vidas, queridas hermanas sororas. Dejemos de quejarnos de lo mal que nos tratan los hombres, de lo horribles que son y si nos parecen tan horribles los hombres dediquemonos al lesbianismo, o al crochet. Y sobre todo, dejemonos de quejarnos por Instagram o por Facebook y dediquemonos a cambiar nuestras vidas, que por cierto, si son un desastre, generalmente es culpa nuestra.
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