A nuestra madre: Una tarjeta que diga Mamá querida, te amo mucho, me diste la vida, sos la mejor mamá del mundo y toda la sarasa que le metemos cuando no queremos gastar guita.
A nuestro padre: Una tarjeta que diga Papá querido, te quiero mucho, sos un gran padre y gracias a vos soy una gran persona y toda la sarasa que le metemos cuando no queremos gastar guita.
A nuestros hijos: Una tarjeta que diga Querido hijo (hagamos uno para cada uno, por favor) Estoy muy orgullosa de vos, sos un gran hijo, hija, hije, me encanta que me des la ropa sucia para lavar cuando vuelvo de trabajar y que te quejes siempre de mi comida, recordá que te di la vida y te doy plata para que salgas los fines de semana, y toda la sarasa que le metemos cuando no queremos gastar guita.
A nuestros hermanos/as: Una tarjeta que diga: Sos un gran hermano/a y como dijo el Fierro, Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera porque si entre ellos se pelean los devoran los de afuera y toda la sarasa que le metemos cuando no queremos gastar guita.
A nuestros cuñados/as: (esta es compleja) Una tarjeta que diga: Sos un gran cuñado/a y le ponemos un sticker de su equipo de futbol (rogar que no sea de Argentino de Rosario) y toda la sarasa que le metemos cuando no queremos gastar guita.
A nuestros tíos y primos: Idem que a nuestros cuñados/as.
A nuestra mejor amiga: Una tarjeta que diga Sos mi amiga del alma, y le pegamos un sticker con un corazoncitos.
Para hacer las tarjetas podemos usar cartulinas de colores y microfibras Faber. Nos vamos a sentir un poco cuarto grado pero no importa. Perseveremos. Recordemos que los regalos de verdad cuestan guita y hay que envolverlos. Por favor, tratar de hacer buena letra y recortar los bordes con cuidado.
Dárselos. Darse cuenta que toda esa gente a la que le dedicamos tanto esfuerzo y caligrafía no son tan espirituales como pensábamos y nos miran con cara de: mirá que saliste amarrete/a, y yo que te regalé unos aros para tu cumpleños. Resistir. Hablar de que hemos descubierto de que la Navidad es una consagración del consumo capitalista y que queremos reivindicar su verdadero significado espiritual y que lo importante no es lo material y toda la sarasa que le metemos cuando no queremos gastar guita.
Seguir resistiendo las miradas de odio y los comentarios por lo bajo que dicen: ahora no le doy nada el perfume que le compré. ¿Ahora se hace la espiritual? Se comió todas las mollejas. Y ya se vació la Quilmes.
Resignarse de que nuestra familia y amigos no creen nuestra visión espiritual del mundo (¿por qué será?) y pasar por una Falabella a comprar ese vestido que nos encantaba y estaba como a mil pesos. No es nada caro. Cobramos el aguinaldo.
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