jueves, 13 de diciembre de 2018

De como Hayao Miyazaki terminó ganando la partida.

Empecé a sospechar que pasaba algo raro cuando mi hijo cumplió catorce años y siguió viendo Cartoon Network y los Simpsom. Cuando yo tenía trece años la televisión argentina era algo obvio; uno tenía que ver televisión argentina, fuera mala, buena o genial - a lo lejos uno se da cuenta de que el programa de Badía era genial- porque era lo que había. Los adolescentes más "integrados" (para usar términos del querido Eco) repetían bromas de Tinelli; los "apocalípticos" nos burlábamos de él; en ,ninguno de los dos casos nos podíamos sustraer den influjo de la televisión argentina. Así hasta que de pronto descubrimos la televisión norteamericana y nos quedamos idiotizados: eso era hacer televisión. Seinfeld, Friends, CSI, Lost, gasto de producción pero también ideas atrás; la televisión nuestra en la mayor parte siguió haciendo más o menos lo que hacía antes con parches. Los únicos que se salvaron después de la debacle del 2001, por ejemplo, a nivel creatividad fueron los que hicieron "Todo por dos pesos". Era un programa de rejunte, casi sin un mango, y era genial; se dio el lujo de tener a Gustavo Cerati cantando Llamen a Moe en el programa despedida. Como no soy muy observadora no me di cuenta de que a mi hijo la televisión argentina no le interesaba para nada hasta que no llegó a los trece años y observé que siguió viendo Cartoon Network y empezó a entusiasmarse con el animé. ¿De donde viene este amor por el animé?, pensé. Yo solamente lo llevé a ver un par de películas de Hayao Miyazaki en su infancia. Pero no era solamente él; sus amigos también eran fans del animé y hablaban de las películas, mangas, adaptaciones y covers de openings con el mismo fervor que en mi adolescencia hablábamos de Tercer Mundo. Me llevó bastante tiempo darme cuenta que pasaba en la mente de mi hijo y en la de sus amigos: la televisión argentina no los interpelaba de ninguna manera. La televisión argentina llevaba a los adolescentes para burlarse, para retarlos o para decir "esto es el acabose". Se había vuelto una mamá mandona o un papá mandón que hablaba desde arriba; la ficción se había secado prácticamente (hoy en día la mejor ficción argentina a mi parecer la está haciendo el canal Un Tref, que pertenece a una universidad) y el resto eran programas de panelistas, noticieros bastante pesadillescos, paneles de futbol, y el programa de Tinelli era un rejunte poco inspirado de gente muy talentosa y de gente muy poco talentosa y doscientos programas satélites al programa de Tinelli. Cartoon Network tiene Mundo de Aventura y Un show mas, las series de animé japonesas tienen genialidades que interpelan directamente a los adolescentes como Full Methal Alchemist o Death Note; ¿como pretender que un chico adolescente no mire a esas cosas? Algunos padres cuando miran animé se quejan de que es muy oscuro: por supuesto que es oscuro, está hecho para adolescentes, la etapa más oscura de la vida. No creo que mi hijo mire animé y sepa mucho japonés por osmósis porque lo llevé a ver El viaje de Chihiro ni El increíble castillo vagabundo; lo hace porque cuando se cruza con algún programa de teve argentina se encuentra con que están discutiendo acerca de un tweet de Malena Pichot o si está bien o mal decir a Cristina Fernandez yegua montonera (entre paréntesisi: está mal, es una falta de respeto). Y sinceramente, cada vez que prendo la tele y pongo un programa de la televisión argentina, siguen hablando como si los adolescentes y los jóvenes fueran idiotas a los que hay que señalarles con el dedo el camino hacia el progreso; entiendo perfectamente porque a los más jóvenes Death Note les resulta una opción mejor.

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