lunes, 31 de diciembre de 2018
Los Reyes Magos
Uno de los recuerdos más tristes de mi infancia fue cuando mi mejor amiga me contó que Papa Noel eran nuestros padres. Fue desvastante. Desde ese día decidí: si tengo un hijo, no lo voy a mantener en el engaño. Que sepa que la que le compro los regalos soy yo. No sé si fue muy buena idea: íbamos juntos a la juguetería, con la tarjeta de crédito, y el muy pedigüeño me pedía los juguetes más caros, a lo que yo tenía que responderle que con mi sueldo, mejor un Hot Wheel, que son re lindos. Puedo decir muchas cosas de mi hijo en la infancia, excepto que no fuera un niño sensato; los Hot Wheel le parecían lindos y yo suspiraba aliviada. También le compré un secador de juguete, una escobita y una pala, para que me ayudara con las tareas domésticas. Le compré juegos de cocina, con lo cual creo que desarrollé su vocación de cocinero. Ya sé que para muchos padres esto resultará avant garde, pero a mi los juguetes me encantan, y el único miedo era que se tragara algina pieza chica, aunque por suerte no ocurrió, aunque sí se puso una bolita en la nariz. Por suerte se la pudimos sacar. La parte mala de esta historia de niños que no creen en Papa Noel ni en los Reyes Magos es que, para cada día del Niño, Navidad y Reyes la frase es exactamente la misma: vieja, ¿que me vas a regalar? Tengo ganas de decirle que ya le dí la vida y esas frases que usamos las madres, pero con mi hijo eso no funciona. Bueno, tendré que pensar un regalo para Reyes que no implique demasiado gasto.
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