sábado, 22 de diciembre de 2018
Eficientismo en educación.
Los grandes titulares dicen: pocos alumnos van a las escuelas nocturnas, entonces cerremoslas. Hagamos educación por Internet. Suena bárbaro, pero es desconocer dos realidades: 1) no todas las personas tienen acceso a Internet y 2) la interacción profesor-alumnno es imprescindible para una buena educación. Yo, por ejemplo, he leído muchos libros sobre historia de literatura inglesa, Shakespeare, Jorge Luis Borges y etc; lo que aprendí acerca de literatura inglesa en una materia que se llamaba "Introducción a la literatura inglesa" en el Instituto Olga Cosettini no lo aprendí en ningún lado. Los profesores son imprescindibles para trasmitir saber, porque además del conocimiento, tienen las herramientas para trasmitirlas. Es cierto que no todos los profesores son buenos, pero en mi vasta experiencia como alumna en primaria, secundaria, universidad, terciaria e incluso en cursos municipales, son una excepción. Si hay poca matricula en una escuela, hay que tratar de incorporar a las personas que no pueden ir, que piensan en desertar; no expulsarlos por default cerrando la escuela. La excusa de que los profesores son vagos es una barbaridad: trabajo con profesores todos los días, y no solo tienen que dar clases en muchos lugares, sino también preparar sus materias. Un profesor universitario o terciario lleva años de formación; desperdiciar esos años de esfuerzo educativo para suplantarlo por apps que son divertidas, pero parecidas a jueguitos de computadora, es una bestialidad educativa. La escuela pública está pensada para incorporar e integrar, no para expulsar. Lo que se está haciendo al cerrar escuelas nocturnas es expulsar alumnos, desmotivarlos, decirle en el fondo a una persona que trabaja todo el día y que quiere terminar el secundario que no da el piné, que si quiere estudiar tiene que dejar de trabajar. Discriminación de clase muy claramente; que una persona que trabaje nunca termine el secundario. Porque por ahí si termina se le da por entrar a la universidad, que aparentemente es solo para la clase media y alta, aunque la alta muchas veces prefiere universidades privadas donde va solamente gente como uno. Eso es desertar de la vocación de educar a todo el pueblo, que supuestamente, en una democracia, es el soberano.
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