miércoles, 5 de diciembre de 2018

Entrenamiento canino

El perro de mi hermano, el Pampa, que ya está corriendo libre en el cielo de los perros que seguramente está lleno de huesos para mascar y de macetas para mear, era muy inteligente. A los tres meses ya sabía sentarse y dar la patita. Pampa, sentado, la patita, le decíamos y el obedecía y le dábamos una galletita. Cuando estábamos comiendo asado o costeleta, el Pampa omitía el pedido: se sentaba solo, nos daba la patita, y nos ponía ojitos de tengo hambre y el hueso no te lo vas a comer porque sos un humano y está mal visto comer huesos. Cuando llegó Canela a nuestra vida, enseguida se avivó de que tenía que seguir el método Pampa para conseguir huesos o galletitas, pero eso sí, solamente aprendió la parte de sentarse, lo de la patita nunca. Después Shiki imitó a Canela y Zoe (la benjamina) imitó a Shiki. En alguna parte de la trasmisión del conocimiento entre nuestros perros se perdió el adorable detalle de dar la patita; he tratado de insistir, de decirles varias veces después del "sit" -porque mis perras están educadas en english, of course- con "la patita, la patita" y agarro sus patitas y e intento mostrarselo. No me entienden o hacen como que no me entienden, porque es más cómodo para el perro ser adorable y sabe que tiene ese punto a favor. Algún día, me prometo a mi misma, tendré un perrito que será como el Pampa, o mejor que el, y dará la patita, rodará por el piso y saltará obstáculos; vana esperanza, pero bueno, de eso también se vive.

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