miércoles, 19 de diciembre de 2018

Intertextos

Circula en los medios, con gran escándalo, un texto de Pablo Marchetti sobre su hija que dicen los muy escandalizados "rozan los límites del incesto y la pedofilia". Para defender a Pablo Marchetti tengo que decir que he leído casi entera - porque desgraciadamente faltan dos libros- la saga de Canción de Hielo y Fuego de George R. R. Martin donde hay incesto entre hermanos, sacrificios humanos, reyes asesinados en una boda, un hombre que tiene hijos con sus hijas y a los varones los sacrifica a los caminantes blancos, esclavos crucificados y nunca se me ha ocurrido pensar que George R. R. Martin apoye ninguna de esas cosas. Angélica Gorodischer tiene también un cuento donde dos hermanos incestuosos llegan al trono de una país mítico en un reino inexistente; Jorge Luis Borges tiene un cuento donde dos hermanos matan a una mujer que es una intrusa; en Medea de Sofócles la madre mata a sus hijos y a la nueva amante de su marido para vengarse de él. Es increíble que nos escandalize más un texto literario de un escritor, que las casi trescientas mujeres que mueren al año a manos de sus maridos, ex maridos, novios o lo que sea. Le tenemos terror a la realidad concreta; tanto terror, que nos escandalizamos con la ficción. Leí el texto de Pablo Marchetti: habla muy bien de esa relación con nuestros hijos que cuando son chicos nos generan a la vez ternura y desconcierto; ganas de abrazarlos, miedo a que crezcan, dudar si lo haremos o no bien. Esos momentos, que luego se pierden, en que somos para ellos totalmente imprescindibles, necesarios, Superman o Supergirl aunque nosotros sepamos que no lo somos. Esos momentos que uno guarda muy bien porque muy rápido crecen y ya somos esas cosas fastidiosas que les decimos que se corten el pelo o se bañen más seguido, y que por favor se acuesten temprano que mañana tienen que ir a la escuela. Esos momentos de la infancia de nuestros hijos son irrecuperables; relacionar un texto que habla acerca de esos momentos con la pedofilia es una barbaridad. La pedofilia es un delito, no un texto de una persona que fundó la revista Barcelona. Si alguien es un pedófilo, tiene que ser denunciado ante la justicia con pruebas concretas, no hacer circular sus textos en redes sociales para escándalo de la gente que además lee acerca de las bondades del nuevo I phone y de la última declaración pública de Moria Casán. Es muy rara la gente que se escandalizan por un texto escrito y traga su almuerzo tranquilamente mirando noticiero donde tiran un cádaver tras otro.

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