martes, 18 de diciembre de 2018

Mariana Enriquez

Tenía yo quince años, saqué de la biblioteca Vigil el libro Carrie y me enamoré. Recuerdo que a mi mamá le pareció terrible; como te puede gustar el terror, me dijo. Ella no había leído la novela, pero había visto la película y le había resultado espantosa; a mi me resultó espantosa y genial, todo al mismo tiempo y desde ese día tengo entre mis ídolos a Brian de Palma y a Stephen King. Pero, para desgracia de mí, en la literatura argentina el terror casi no existía. Lo que existían eran cuentos fantásticos de Lugones, de Borges, de Cortázar, de Silvina Ocampo que bordeaban el terror; en la literatura argentina era lo máximo a lo que se podía aspirar. La literatura argentina tenía que ser realista o no ser; máxime después de la dictadura. El terror era visto como un género menor y la literatura argentina le tiene terror a todo lo que sea menor. Así que tuve que entretenerme leyendo a Stephen King, a Henry James, a Stevenson; grandes autores que se atreven sin miedo a escribir historias de terror. Hasta que empecé a leer a Mariana Enriquez en Radar y me sorprendí: por fin una escritora que le gusta más o menos lo que me gusta leer a mí. Pensé que era solamente periodista, hasta que vi que había publicado en una revista un cuento. Y lo leí. Y me alegró muchísimo que el cuento fuera de terror. Por fin, pensé, alguien que escribe cuentos de terror en Argentina. Ya era hora. La verdad es que compré dos de sus libros de cuentos, Las cosas que perdimos en el fuego y Los peligros de fumar en la cama, y los dos los regalé, del miedo que me generaron sus historias (por favor, que no lo tome como un insulto; es un homenaje; no puedo vivir en una casa donde sé que hay un cuento como Verde rojo anaranjado o La casa de Adela, es mas fuerte que yo). Me gusta mucho escribir historias de terror, pero me gusta más leerlas; me gusta pensar, como decía Juan Jose Saer en un cuento, que en el fondo nadie sabe quien es, y que el hecho de escribir historias de terror nos lleva a descubrir las oscuridades en nosotros mismos. Eso, una gran buceadora de oscuridades, es Mariana Enriquez.

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