domingo, 23 de diciembre de 2018

Primera cita

- Está buenísimo el Tinder- me dijo Amancay- Yo así conocí a Juan Ignacio y hace dos años que estamos saliendo.
- No sé- le dije yo.- Ya lo probé una vez y era medio mah.
- Instalatelo de nuevo, no seas pelotuda.
No sé por qué le hice caso. Ya empezaba a aburrirme de pasar caras de hombres hasta que vi la de un flaco que me gustó. Tenía ojos azules, anteojos y el pelo medio despeinado, y decía ser técnico en agroindustria. A las tres horas contactamos por Wasapp.
- ¿Querés que nos encontremos mañana a las cinco? Lo único que te pido, ponete un vestido lindo.
- Obvio que me voy a poner un vestido lindo.
- Esta bien, esta bien. No quería ofenderte. Mañana a las cinco.
La cita era en un Mc Donalds -territorio neutral. Cuado llegué el chico ya estaba ahí; me miró con cierta ansiedad.
- Hola- le dije yo.- Gusto en conocerte.
- Hola- me dijo el.
Tomamos un latte y un café solo. Se llamaba Ariel Me contó que recién se había descargado Tinder y que trabajaba en una vaga empresa de importación de semillas y que hacía tres meses que se había peleado con su novia. Seguía pareciendo ansioso. No entendía por qué; he visto a hombres ansiosos en las citas, pero lo de ese chico era demasiado.
- Sos parecida- me dijo.
- ¿A quién?
- A mi ex novia. Físicamente, digo. Si te soltás el pelo, estás casi igual.
Lo que me faltaba, pensé. Otro muchacho que no puede superar una separación. Bueno, tres meses era poco tiempo y por mis adentros estaba puteando a Amancay por hincharme con Tinder, y a mi misma por sentir debilidad por los hombres con anteojos.
- ¿Querès que vayamos a otro lugar?
Para mis adentros pensé: que muchacho zarpado. Recién me conoce y ya me quiere llevar a un telo. Pero después pense: y bueno, para eso está Tinder. La gente en Tinder no busca al amor de su vida, busca ir a un telo con alguien. Asumámoslo. Me alegro haber combinado la bombacha con el corpiño, por lo menos y estar mas o menos depilada.
- Está bien- le dije.
- Vamos caminando- me dijo Ariel- Queda a cinco cuadras.
- Bueno, perdón- le dije, calculando lo que me iba a responder - pero ¿a donde vamos?
Me miró un poco asustado. Tragó saliva y me respondió muy despacio.
- A una canchita de fútbol cinco.
- ¿Estás loco? ¿Que vamos a hacer en esa canchita de futbol cinco?- ya me estaba imaginando un escenario de orgía mezclada con camisetas transpiradas. - ¿Estás loco?
Se quedó mirando el piso.
- Pasa que me pelee con mi novia hace tres meses. Pero no le dije nada a mi familia, que no la conocía. Solo vieron las fotos por Facebook. Y hoy es el cumple de mi sobrinito de siete años y mi vieja me dijo que tengo que ir si o sí y que tengo que llevar a Ornella. Asi la conoce. Y entonces me descargué Tinder y vi que vos eras bastante parecida, sobre todo si te soltás el pelo. Así que, bueno...
- Ah- le digo- Yo pensè...
- ¿Que pensaste?
- Nada, nada.- estaba un poco desconcertada. Para la actuación soy malísima.
- Solamente tenés que decir que sos Ornella y asentir en todo. Bueno, si querés hablá. Pero no hables mucho.
Yo me quedé callada.
- Te entiendo que no te guste mucho la idea. En realidad, como idea era pésima. Pero fue lo único que se me ocurrió cuando mamá me dijo que tenía que llevar a Ornella.
- ¿Y decirle que te habías peleado?
- Si también se me ocurrió. Pero no quería. Ornella era mi quinta novia. Mi quinta novia. No me voy a casar nunca.
- Bueno- le digo yo- no es tan grave.
- Por ahì no. Mirá, te entiendo. Vos viniste a una cita de Tinder, te hice vestir bien y te quiero invitar a un cumpleaños de nenes de seis años, con animadoras y piñatas. Andate. Le voy a decir a mi mamá la verdad.
- Bueno- le digo yo- he tenido primeras citas mucho peores. Pero mucho peores. Así que un cumpleaños de chicos de seis años... ¿va a haber salchichas con salsa y esas cosas?
- Clavado- me contesta Ariel, sonriendo.
- Bueno, vamos. Pero ojo, que no se me acerque ningún chico y me manche el vestido con los dedos pringosos de dulce de leche. Eso es un asco y no sale ni con agua caliente.

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