martes, 4 de diciembre de 2018
Lo que vemos
Sabemos que Sheila Ayala apareció muerto y ahora trascienden datos escabrosos de su autopsia ¿hasta cuando van a trascender datos escabrosos de autopsia de menores de edad? Era una menor de edad y apareció muerta violentamente ¿no nos alcanza con eso? El periodismo, la gente que se dice periodista ¿no concibe un límite en lo que publica? Pueden justificarse con que hay gente que lo consume, gente que lo lee, gente que lo mira pero supuestamente el buen periodismo no puede ampararse en lo peor de las personas para subsistir. Más gente nos va a leer, dicen muchos editores entusiasmados. Personalmente pienso que una persona que se entusiasma demasiado al leer detalles escabrosos de la muerte de una nena de diez años no es una persona en su mejor estado de salud mental; tiene problemas y problemas serios. Y el periodismo de verdad no puede entusiasmarse en tener ese tipo de lectores y eso no vulnera la libertad de expresión de nadie: es ética periodística. Es ponerse un límite como comunicador social. Es no seguir hurgando una herida que seguramente para muchos familiares, maestros, compañeros de aula de una nena muerta todavía sigue abierta. Un menor de edad tiene derechos aún después de haber sido asesinado; sobre todo el sagrado derecho a que lo respeten, a no ser expuesto en canales de televisión o en páginas de Internet solo para que más gente las vea y piense que son grandes personas porque al menos no descuartizaron una niña. La falta de ética y de profesionalismo de muchos periodistas es algo que me asusta sinceramente. No se puede utilizar un cadáver para vender más diarios, aunque sea el método tradicional.
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