miércoles, 12 de diciembre de 2018

Tres deseos

En la mitad de la cuadra hay un altarcito al Gauchito Gil; siempre Poncio, Barro y yo lo miramos con disimulo. Lo puso la vieja Altamirano; dicen en el barrio que la Altamirano era una mujer de guita antes, pero que después se desgració, no se sabe bien como. La Altamirano lee las cartas y cura el empacho, las cartas que lee no son las del tarot, sino las de la baraja española, una baraja mugrienta y engrasada que debe tener más años que la vieja. Poncio y Barro se ríen un poco de la vieja y de las mujeres del barrio que van a saber su futuro, aunque ya saben bien su futuro, como nosotros tres sabemos bien nuestro futuro. Asaltar el pagofácil de Grandoli y Gutierrez, ese es nuestro futuro, y tratar de que gendarmería y provincial no nos maten. Si zafamos, zafamos.
No sabemos porque el que manda es Poncio. Es así desde chicos; cuando jugábamos a policías y ladrones, los tres queríamos ser ladrones, pero Poncio era siempre el jefe. Heredó la automática del padre, que está en Coronda y la sangre fría del hermano, que está en La Piedad. La habilidad para planificar asaltos rápidos a rapipagos y joyerías de calle Maipú no sé de donde la sacó; por ahí de tanto ver Quentin Tarantino y Guy Ritchie. La cosa es que el es el que manda y nosotros obedecemos. A veces además de nosotros tres entran el Palacios y el Negro, pero ellos generalmente trabajan haciendo changas de pintura y es difícil conseguirlos; el Negro, sobre todo, hace rato que se quiere abrir, pero le cuesta hacerlo porque cuando su nene de cuatro años se agarró meningitis, Poncio le dió veinte mil pesos para los remedios y la internación. Por cosas así a Poncio se lo quiere; es feroz pero en el fondo tiene corazón.
Anoche, como estaba aburrido y no quería ponerme a ver películas truchas otra vez, por pura curiosidad me metí en la casa de la Altamirano. El patio es lindo, lleno de plantas en latas y esas cosas, pero adentro es tenebroso. Apenas hay luz y tiene todo lleno de imágenes de San Jorge contra el Dragón, el Gauchito Gil y la Santa Virgen de los Desatanudos. La Altamirano me miró y sonrió, como si supiera que ya venía y como si supiera lo que venía a preguntar. Se estaba pintando las uñas, pero al toque sacó la baraja española, y la puso sobre el mantel de plástico con flores rosaditas.
- Por mal camino andás- me dijo.
- Eso ya sé- le contesté- Pasa que no sé si mi futuro va a ser siempre así.
La vieja extendío el mazo y me dijo que cortara. Después extendió nueve cartas sobre la mesa y las dió vuelta.
- Tres de oro, cuatro de copas, uno de bastos. Vos querés algo más que ser el tercero de Poncio. La sota de copas dada vuelta, cinco de oro, el rey de espadas. Veo que no lo querés tanto a Poncio como los otros y pensás que en cierto sentido es un mal jefe, que vos serías mejor. Por ahí tenés razón. Reina de oro, siete de espadas, tres de bastos. Vas a ser el jefe, eso dicen las cartas. Vas a seguir en esto, eso te contesto, pero vas a ser jefe. ¿Querés un mate con carqueja? Dicen que a hace bien.
Salí medio atontado de la casa de la vieja Altamirano. Sobre todo los por mates, pienso, pero también porque me dí cuenta que ya desde antes pensaba que Poncio era un mal jefe. A mí también se me ocurrían grandes ideas para asaltos e incluso los podíamos apretar más a Palacios y al Negro para estuviera con nosotros y dejaran de joderse con la boludez de pintar casas. Pero ¿yo ser jefe? Para eso Poncio tenía que estar muerto.
Me fuí a la casa de Celeste. Celeste es mi novia y es media hermana de Poncio. Se llevan para el reverendísimo orto, por culpa del papá de Poncio, que se acostó con media zona oeste y dejó un hijo prácticamente en cada departamento. La mamá de Celeste a veces lo va a visitar a Coronda. La mamá de Poncio ni loca, cada vez que cenamos en su casa nos cuenta que lo fue a visitar las dos primeras veces que estuvo adentro, la tercera vez que cayó en cana dijo que se lo tenía bien merecido por hijo de puta y le hizo la cruz. La mamá de Poncio es enfermera y no le perdona al ex marido que dos de sus hijos hayan terminado en la de él; por suerte Marcia estudia enfermería.
Porque estaba como aturdido y porque me tomé dos latas de Stout se me dió por contarle a Celeste mi visita a la Altamirano. No esperaba su reacción; le brillaron los ojos y se puso como feliz, aunque no era exactamente felicidad lo que entreví en ese momento.
- Claro que vos tendrías que ser el jefe- me dijo- Sos mucho más inteligente que mi querido hermanito.
- ¿Estás loca, Celeste? Para que yo fuera jefe Poncio tendría que estar en cana o muerto.
- O sea, lo que te faltan son pelotas.
- Andate a la reveríndisima puta madre que te re mil parió.
- ¿Te ofende la verdad? ¿Vas a ser siempre el segundo de mi hermano solamente porque no te animás?
- Poncio nunca se portó mal con nosotros, el Barro, el Negro, Palacios. Nos cuida. Siempre va al frente.
- Sos un puto cagón.
Eso me cayó muy mal. Si algo no me parecía que era, era un cagón. Pero Celeste estaba hecha una fiera.
- ¿Quién se va a investigar la muerte de un ladron muerto? ¿A quién carajo le va a importar? Hasta tenés la 38 recortada, yo si querés después la hago desaparecer.
- No te entiendo, Celeste. ¿Querés matar a tu propio hermano?
- Medio hermano. Y no es que quiera insistir mucho en el vínculo.
- ¿Alguna vez te hizo algo?
- Claro que me hizo. No va a visitar al viejo. Su mamá y la conchuda de su hermana se creen la gran cosa porque son enfermeras. Ahora lo tratan para el orto a mi viejo porque está en Coronda, pero cuando estuvo afuera nunca les hizo faltar nada. Hasta zapatillas Adidas le compraba al hijo de puta de Poncio y ahora que está adentro, ni pastillas le alcanza. Ahora es él el macho del barrio. ¿Sabés lo que pedí en los tres deseos de mi último cumpleaños? Que maten al hijo de puta, que maten al hijo de puta, que maten al hijo de puta. Por ahí se cumple.
Yo estaba como aturdido, entre el calor, la cerveza y Celeste que me largaba tal catarata al oído.
- Nadie se va a enterar. Nadie va a saber salvo vos y yo. Y después vas a tener el campo orégano. ¿Quién te va a hacer frente? ¿Barro? ¿El Negro?
- Estás loca, Celeste.
- Si, yo estaré loca, pero me estoy enterando que mi novio tiene la 38 de adorno. Mejor lo mato yo y te ahorro el trabajo. Después podés ir a llorarlo al velorio.
Me quedé callado un rato. Por esas cosas de la vida, aunque casi nunca ando calzado cuando no estoy en algo, tenía el revolver en el bolsillo de adelante del jean. Saqué el celu y le mandé un mensaje a Poncio. Por donde andas. Me voy a comprar una pizza y queso al almacén del barbeta. Siempre me fía, jaja. ¿Querés venir a casa? Te alcanzo en lo del barbeta, le contesté.
- Voy a encontrarme con Poncio. En el almacén del barbeta. Me estoy yendo.
Celeste asintió. Se quedó mirándome y parecimos quedar de acuerdo en esa mirada.
- En la cortada que está a la vuelta del barbeta está la luz cortada siempre y nadie va a ver nada y si alguien ve algo no va a contar- me dice.- Después traéme la 38. Yo me encargo. Siempre me encargo de esas cosas.


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