domingo, 2 de diciembre de 2018

La vida secreta de los mártires. 5° parte.

Cinco meses después Elías acompañó a Mary Louise y a su padre al cementerio, a llevar rosas rojas (de las que crecían en su jardín, sin espinas y carnosas) a la tumba de la madre de ella. Mary Louise aún llevaba luto y sus ojos casi siempre estaban rojos, pero en cada visita se apoyaba en el brazo de Elías de una manera especial. Estaba sobreentendido entre todos que apenas terminara el año prudencial, Elías y Mary Louise se casarían y ella iría a vivir a la mansión de su marido. Incluso su padre lo veía bien; se veía imposibilitado de seguir sosteniendo el dolor de su hija, porque bastante tenía con el propio. La perspectiva de tener al extraño y larguilucho Elías como yerno y de que el fuera el padre de sus nietos, lo tranquilizaba. El continuaría honrando la memoria de su mujer, muerta en tan terribles circunstancias y elevada al status de santa entre sus esclavos y sus amigas más cercanas. En el cementerio se encontraron con Draconius Monke, un hombre basto y bajo que tenía una tienda de géneros en el centro del pueblo.
- ¿Saben lo que ha pasado, no?- les dijo a los gritos, porque era bastante sordo.- El bastardo de Lincoln ha ganado la elección. Quiere que la esclavitud sea declarada ilegal. Habrá guerra, esta vez es inevitable.
Tanto Elías como Mary Louise y su padre se quedaron paralizados.
- No se atreverá a meterse con nosotros- dijo Anthony.
- Oh, es un maldito bastardo. Esos yankys son capaces de cualquier cosa. Ya estoy preparando mi escopeta de caza para ir a pelear. Mataré unos cuantos yankys y colgaré sus cabezas como recuerdo. Van a ver si se atreven a meterse con nosotros.
Elías dejó a su futuro suegro y a su futura esposa, con mil disculpas, en el cruce de caminos y fue corriendo hacia su casa, a contar las noticias. Matthew y John estaban exultantes con la posibilidad de la guerra.
- Ahora entenderán a lo que se enfrentan- dijo Matthew.
En ese momento llegó su padre. Parecía cansado, lento, polvoriento.
- Vengo de ver a Marcus- dijo- y me ha contado lo de la elección.
- Iremos a la guerra y venceremos- dijo John hijo- Venceremos en menos de dos semanas y después ningún presidente ni ningún yanky se atreverá a hablar en contra de la esclavitud.
- Si, iremos a la guerra probablemente- dijo su padre, sentándose.- Nosotros. Los amos. ¿Cuántos somos? ¿Somos realmente tantos? ¿Nuestros esclavos vendrán con nosotros, pelearán por nosotros? Lo dudo mucho. E indudablemente son más que nosotros.
- Que dices, padre- dijo Matthew- nuestros esclavos nos adoran. Mira sino a Djuna. A su marido. A sus hijos. Los tratamos bien.
La risa de su padre fue amarga.
- El Norte les está ofreciendo la libertad. ¿Son estúpidos? ¿Cuantos de nuestros esclavos arriesgan sus cuellos y hasta los cuellos de sus hijos por la libertad? ¿A cuántos esclavos hemos azotado hasta la muerte porque se han escapado? O si no los azotamos, para no ensuciarnos las manos, enviamos a rufianes de tres por cuatro que los persigan por una recompensa. ¿De en serio nos aman tanto? ¿Nos aman o nos tienen miedo? Lo único que es seguro es que los únicos que pelearemos hasta el final en esta tierra sureña vamos a ser los blancos y si perdemos perderemos mal. Muy mal.
- Tío Marcus te ha llenado la cabeza, seguro.
- Marcus estaba desvastado. Por suerte, esta casi seguro de que su hijo no irá de voluntario a la guerra.
- Un cobarde.
- No se anima a disparar contra sus primos. Contra sus antiguos amigos. Si, quizá sea un cobarde. Veo que ustedes tres son valientes y defenderán esta tierra, este Sur, estas costumbres. Ahora, les pido que no sean ingenuos. No crean que porque le hemos leído la Biblia y hemos alimentado correctamente a nuestros esclavos, estos lucharán contra sus intereses. Si ustedes fueran los esclavos ¿lo harían?
- No importa lo que digas- dijo Matthew.- Si hay guerra, nosotros tres iremos. Si morimos, moriremos como héroes.
- Es lo que me temía- contestó su padre- Están ansiosos de sangre y de gloria. No saben lo que realmente significa. Ojalá la guerra sea breve, pero no creo que lo sea. Ojalá que no perdamos todo al final. De todas maneras- y sonrió con tristeza- les doy mi bendición para morir en campo de batalla.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario