domingo, 2 de diciembre de 2018

Personalismo político

Hay palabras que declaran, decía Borges, una insidiosa declaración de principios. En todos los diarios del mundo leo que diferentes presidentes, en su mayoría neoliberales, han sido elegidos porque muestran el hartazgo social ante el viejo sistema de partidos. Todo muy lindo suena y pareciera que elegir un presidente es algo así como elegir un vestido en el Alto Palermo: tiene que encajar en nuestros gustos y no estar "out", si tiene 50% de descuento con tarjeta Master mucho mejor. Porque, ya se sabe, los partidos políticos son esa cosa molesta que tiene historia, cuadros, dirigentes, proyectos de ley, discusión interna, militancia. Es más fácil votar al que te cae simpático, che, no me vas a decir que no.
Pienso yo que un presidente sin una base política sólida es puro adorno ornamental. Eso es así. No digo que un presidente tiene que provenir de un partido con cien años de historia, pero un presidente tiene que saber de política y estar rodeado por gente que sabe de política, de economía, de gestión y de administración, incluso de gente que no coincide entre sí en diversos temas. El viejo sistema de partidos en realidad no es tan viejo: en Argentina tiene apenas cien años, porque antes el fraude electoral era ley. Hasta prácticamente la década del '50 las mujeres tampoco podían votar, así que era una democracia de hombres. Si contamos las interrupciones de dictaduras militares y la cantidad de veces que en los últimos cien años un partido político estuvo proscripto (el radicalismo, el peronismo) la verdad es que tenemos muy pocos años de democracia real. Entonces hablar del hartazgo social ante el viejo sistema de partidos como si estuviéramos en una democracia nórdica es menoscabar la democracia: la democracia existe gracias a los partidos políticos, a gente que piensa distinto y que discute entre sí, y que milita y que presenta proyectos de ley, y que se presenta a elecciones y que admite la posibilidad de perder. El personalismo está bárbaro en un equipo de fútbol o en una banda de rock, pero la democracia no es ninguna de las dos cosas. Es todo lo contrario. Los partidos políticos de verdad siguen aunque muera el líder carismático - o no tan carismático- que los fundó. Las ideas políticas siguen existiendo, más allá de quienes las propusieron, y siguen discutiéndose más allá de los años, incluso de los siglos. El personalismo político neoliberal, que clama que es mucho más democrático que los "viejos" partidos políticos, en realidad es puro marketing ilusorio y bastante viejo como estrategia: yo me propongo como gran político, aunque no sé nada de política y por eso voy a ser un gran político. Pensemos que diríamos si un médico nos dijera: yo no sé nada de medicina, por eso te voy a operar a corazón abierto. Es más o menos la misma falta de lógica.

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