viernes, 14 de diciembre de 2018
El ojo del amo
Leí hace dos días en Infobae una nota breve y sucinta sobre una nena muerta en un incendio en un taller clandestino de costura. Los talleres clandestinos de costura son como las brujas; no se cree en ellos, pero que los hay los hay. Y ahí trabajan adultos en condiciones infrahumanas y a veces también niños en condiciones infrahumanas y si se incendia se incendia y si una nena se muere en el incendio no pasa mucho. Mala suerte o acto de Dios, suspiramos y seguimos comprando ropa de gente a quienes sus obreros no les importan nada. El Gran Hermano del ojo de los medios nunca se posa en esos casos, porque eso implicaría cuestionar el imperio de la moda; el imperio de la elegancia de Yves Saint Laurent y de Mimo and Co. Y las propagandas de ambos son muy bonitas y pegan bien en las revistas. Es mucho más escandaloso que a una chica de la televisión le hayan robado un reloj en pleno Retiro que una nena muerta en un incendio en un taller clandestino. Además, el taller era clandestino ¿de quién es la culpa? La culpa está tercerizada, como todo en este mundo. Es el cuento del gran bonete. Suena un poco como los grandes discursos de los ruralistas (y de políticos que representan a los ruralistas) justificando el trabajo infantil en el campo: las cosas son así, che, si la peonada nunca va a estudiar nada, desde chicos tienen que aprender las virtudes purificativas del trabajo duro -me encanta la gente que habla de la virtud purificativa del trabajo duro: generalmente ni siquiera saben lo que es agarrar una pala para mezclar cemento con arena y hacer una casa desde cero o levantarse a las seis de la mañana, darles el desayuno a tus hijos, e ir a trabajar por horas a casa de familia, eso es trabajo duro. Ni hablar si uno intenta decirles que esa gente tiene derecho a buenos sueldos, vacaciones pagas y jubilarse a la edad correspondiente. Hay personas (niños, adultos, viejos) que para este sistema son desechables y su vida no vale nada, porque trabajan en talleres clandestinos o porque cartonean; solo son importantes y muy visibles cuando se vuelven delincuentes. El ojo del amo aparentemente engorda el ganado y también cuida que el que nació en una villa miseria, en un taller clandestino o en un rancho en Tucumán nunca salga de ahí.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario