jueves, 27 de diciembre de 2018
Turismo extranjero
En México un turista le arrojó ácido a una nena indígena porque aparentemente le molestaba su color de piel: es cierto, queridos hermanos blancos, para ustedes broncearse es imposible. A mi no me molesta el turismo, pero en esto soy un poco chauvinista, y me van a disculpar los europeos y los norteamericanos: si uno va a un país ajeno, así sea Méjico, tiene que seguir las leyes. Tirarle ácido a un menor es un delito y además es, en buen mexica, ser un hijo de la chingada; espero que la embajada del país de ese señor esté pensando seriamente en averiguar quién es, porque es evidente que no es un hombre en su mejor estado de salud mental y que en cualquier momento agarra un arma de repetición y sale a matar a asistentes de un concierto en Las Vegas, como pasa repetidamente en EEUU, ante la estupefacción de todos, menos de los traficantes de armas. Ante turistas así, México tendría que hacer lo que dice el presidente de Norteamérica, y financiar el muro, así está libre de semejantes turistas. En realidad, Canáda tendría que hacer lo mismo, por las dudas. Me sorprende que países tan civilizados como los europeos y los norteaméricanos sean tan pasivos ante semejante espécimenes: en realidad, no, no me sorprende demasiado, lo vengo leyendo desde hace treinta y cinco años, pero bueno, mi capacidad de sorpresa se extiende un poco cada día. Toleraron a Hitler, toleraron a Stalin, toleraron a Mussolini, toleraron a a Asociación del Rifle: los admiro, su capacidad de tolerancia es infinita. Lástima que en el Tercer Mundo somos mucho menos tolerantes.
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