domingo, 24 de marzo de 2019

Nucleos duros de gobierno

Creo que el primer atisbo de hasta donde la sociedad argentina es una sociedad fragmentada me la dió José Pablo Feinmann (el "Feinmann Bueno", chiste que circula en memes de redes sociales) cuando, en un reportaje ante la Garganta Poderosa (junto con la revista Anfibia y el diario Pagina 12 los mejores medios del país) confesó que nunca había pisado una villa miseria. José Pablo Feinmann puede ser acusado de muchas cosas, excepto de adalid de la derecha política. Fue de izquierda en los setenta, fue de izquierda en los ochenta, fue de izquierda en los noventa, y en el dos mil y en el dosmil diecinueve también. Es un excelente divulgador de lo que es la filosofía; su libro La filosofía y el barro de la historia me parece de lo mejor que se ha escrito en Argentina sobre filosofía llevada al terreno de lo concreto. No puede decirse que sea un izquierdista de café; es un filósofo izquierdista de aula magna, es decir, un docente capaz, de los que afortunadamente abundan en Argentina. Pero nunca pisó una villa miseria porque desde siempre presupone que la gente en la villa miseria es gente peligrosa. El otro atisbo es que varios de los compañeros de primaria de mi hijo, que al ser del barrio Tablada sabe bien lo que es una villa miseria, cuando fueron las elecciones del 2015 se identificaron con el discurso de Cambiemos: un discurso más cercano a la seriedad, a la empresa, a la gerencia que con el kirchnerismo. Mi propio hijo se siente más cerca a ese discurso que al de izquierda trotskista, que ha bebido desde que era pequeño y su visión sobre temas como el aborto, las drogas, el trabajo y la educación son, probablemente, mucho más de derecha que los míos. Podría pensar que mi hijo y varios de sus compañeros de secundaria están equivocados, pero no pienso que están equivocados; pienso que su camino es diferente al mío. Y pienso también que ellos tuvieron la suerte de no vivir una infancia y una adolescencia donde trabajar era algo casi imposible, y aún si conseguías un trabajo los trabajos eran desastrosos, no tanto a nivel sueldo, sino a nivel de lo poco que se podía hacer concretamente. Los argentinos que tenemos entre treinta y cincuenta años vivimos la década del noventa y la debacle del 2001 como un gran desastre económico neoliberal; no tan malo como la dictadura porque no hubo tantos desaparecidos (aunque los hubo) y al menos se podía recurrir a la justicia. por eso no me molesta que el gobierno de Macri tenga un círculo rojo de poder, porque ser presidente, ministro, diputado, senador o concejal es ejercer algún tipo de poder, y porque ese poder se lo dieron chicos de la edad de mi hijo y que piensan como mi hijo o los amigos de mi hijo. Para que esta frase no suene abiertamente machista debo decir que entre los amigos de mi hijo hay mayoría de mujeres y que estas son, naturalmente, las que más hablan y las que hablan más fuerte. Por eso a mi no me molesta  que exista un nucleo duro en el gobierno de Macri ni repito la frase de tantos izquierdistas extraviados de si gana Macri me voy del país. Hubo muchos que no se fueron en los setenta, hubo muchos que no se fueron en los ochenta, hubo muchos que no nos fuimos en los noventa ni en el dos mil y yo, a esta altura, no creo que me vaya.

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