viernes, 15 de marzo de 2019
Del desprestigio del periodismo cultural
Hace treinta y cinco años atrás ser periodista de espectáculos era ser Hugo Paredero o Gloria Guerrero: es decir, gente que sabía y sabía mucho. Hoy en día pareciera que ser periodista de espectáculos es estar en un programa de chimentos. Y no es lo mismo para nada. Tanto Gloria Guerrero como Hugo Paredero podían ver una película u oir un disco y decir si le pareció bueno o le pareció malo. Sabían mucho y podían discutir porque sabían. Ahora el periodismo de espectáculo es solamente chismes sin mucha sustancia: las novias de Juan Martin del Potro, los novios de Nicole Neumann, algo que solamente le interesa a Juan Martin del Potro y a Nicole Neumann. La crítica más inteligente y que demuestra más capacidad de lo que debe ser un periodista de espectáculo fue la que hizo Rodrigo Lussich hace dos meses atrás, cuando hablando de una novela que protagonizaban Calu Rivero y Esteban Lamothe dijo, aunque con más elegancia: no entiendo porque los llaman para protagonizar, si ninguno de los dos actúa bien. Eso es ser crítico de espectáculos: decir, si acá hay muy buenos actores, si acá hay materia prima de sobra, porque llaman a una chica linda y simpática y a un hombre muy lindo y musculoso sin hacer casting previo. Porque si salís a la calle hay doscientas chicas lindas y simpáticas y doscientos hombres lindos y musculosos, pero una telenovela tiene que ser algo creíble, y si el actor protagónico es malo, es malo, y por mas libretistas que pongan la novela no va a funcionar nunca. Es eso lo que nos falta: protagónicos de actores como El Puma Goity, que puede hacer un villano o un sodero de barrio. Si no lo conseguimos, la tele nuestra va a seguir siendo tan mala como hace cuarenta años atrás con la diferencia que ahora las abuelas miran con las nietas novelas de Veronica Castro por Netflix.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario