sábado, 9 de marzo de 2019
Laura Restrepo
No había leído ningún libro de Laura Restrepo, pero me interesó leer Los Divinos. Porque son voces masculinas y son voces terribles. El protagonista de la novela es un hombre de clase alta, supuestamente culto, adinerado, que mata a una niña de siete años y, aunque su familia y sus amigos intentan protegerlo, va preso de por vida. Esa es la historia; pero que solos que tienen que estar los hombres para que a los treinta y siete años su familia y sus amigos tengan que protegerlos de la justicia penal. No es una historia sorprendente para mí. A los doce años fui a mi primer baile, di mi primer beso con lengua y eramos todos chicos adolescentes solos en una casa gigantesca. A los dieciseis años teníamos, algunos pocos que estábamos lúcidos, que rescatar a nuestros amigos de nuestra edad, y de todas las clases sociales, de sobredosis de merca, de alcohol, de marihuana, de ketamina. Obviamente, cuando terminé el secundario fui a la universidad y busqué trabajo desesperadamente. A los veintidós lo conseguí y gracias a ese trabajo me compré una casa y crié a mi hijo. Y muchas madres pueden llamarme mala, loca, puta, gorda o pelotuda, pero mi hijo sabe que en mi casa no se puede hacer cualquiero cosa. Como ya es mayor, constantemente le repito que ya vota y que ya puede ir preso. Porque eso es ser un padre: traumarlo. Que después vaya a la psicóloga para quejarse de mí porque soy parecida a la madre de Nelson. Que me reproche todo lo que quiera. Que me odie. Que me deteste. Que jamás me componga canciones. Pero que nunca diga que yo tuve la culpa de algo: si algún día comete un crimen, que vaya a la cárcel. Lo iré a visitar todos los días. Si se vuelve homosexual en la cárcel, seguramente lo disfrutará t aprenderá a cocinar. Cuando leo historias como Los Divinos de Laura Restrepo, me pregunto: ¿porque la gente piensa que tener hijos es una especie de hobbie de medio tiempo? Nunca quise tener hijos, nunca fué mi vocación, entonces que nadie me venga a correr con lo de: porque sos una madre. Mi hijo fué el único accidente real de mi vida. Lo quiero muchísimo y estoy orgullosísima de él. Es, en todos los sentidos, una mejor persona que yo. Por eso no siento culpa por ser madre: porque fue mi elección.
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