viernes, 15 de marzo de 2019
Los Ortega
Como toda argentina nacida en los setenta, siempre odié las películas de Palito Ortega y de Evangelina Salazar. Porque hablaban de un pasado que no existía: de esos años prefería las películas de Norman Briski, que son comedias mucho más negras o las comedia alla Luis Sandrini, tipo El Profesor Hippie. Y sin embargo no dejo nunca de admirar al clan Ortega, porque como actores, músicos, productores y directores de cine los hijos, sobrinos y primos son geniales. Hay que ver la miniserie sobre el clan Puccio, protagonizada por Alejandro Awada y por Cecilia Roth, para darse cuenta que en otros menesteres seremos pobres, pero tenemos actores, actrices y guionistas para tirar manteca al techo. La historia del clan Puccio, como la del Angel Robledo Puch, como la de Astiz, como el caso Maria Soledad, como la del secuestro de Sivak y el secuestro del padre de Pablo Echarri están en nuestra memoria y no nos importa demasiado si quienes la cuentan son hijos de un changuito cañero: peor sería que los hijos del clan Puccio y los hijos de los secuestradores del padre de Pablo Echarri llegaran al poder.
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