domingo, 10 de marzo de 2019

Destrucción

Cuando era pequeña quería ser poeta y veterinaria.

Ahora no sé que es ser poeta.

Mis gatos duermen y bostezan,
mis perras ladran,
mi hijo envejece y
mis flores se marchitan;

cada cosa que he nombrado

ha caido en el vacio

en el inequivoco arte

de perder y ya

se cual va a ser el final

de mi poema, mas no me quejo, porque dejo las

quejas para los desgraciados.

No para los tristes,

sino para los verdaderos desgraciados,

los que murieron a los tres atropellados por un auto,

o a los siete por una bala perdida,

o a los quince por una sobredosis,

o a los veinte por un amor turbio

o a los treinta por sobredosis de trabajo.

Me quejaré mañana cuando el sol salga y sea lunes

y tenga que volver a olvidar

que de niña quise ser poeta.

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