por supuesto, a Tom Hanks
Para empezar a contar esta historia debo empezar por mí: tengo ya casi setenta años, soy lo que se dice un hombre muy, muy viejo. Y esta historia empieza cuando mi sobrina menor me anuncia que el baterista de la banda donde toca se acaba a mudar a Paris, para estudiar cocina. Y que su banda de garage amateur se iba a disolver, porque la vocalista era muy buena, la guitarrista era muy buena y ella era muy buena bajista, pero que sin baterista no podían seguir.
- ¿Por qué?- le pregunté. - Hay grandes bandas sin bateristas.
- No, no- me dijo ella- no entiende usted. Nuestro baterista era el mejor. Había estudiado jazz desde los cinco años. Es uno de los mejores bateristas de Julliard.
- Lo entiendo- digo.- Perfectamente. Bueno, tengo un pequeño gran secreto. Yo también soy un gran baterista de jazz.
- Pero eres muy viejo- dijo mi sobrina.
- Bueno, por eso me gusta el jazz. Incluso cuando era joven el jazz era cosa de viejos.
- Tengo que creerte. Bueno, si puedes ayudarnos. Aunque sea un par de semanas. Hasta que consigamos otro, te lo prometo.
Lo bueno de envejecer es que uno dispone de mucho tiempo libre. Así que una reunión dos veces por semana, miércoles y sábado, no era demasiado para mí. Mi sobrina me hizo escuchar dos o tres temas y eran buenos; la vocalista cantaba como Fionna Apple, la guitarrista tocaba como Brian May y, no es por nepotismo, mi sobrina toca el bajo igual a Paul Mc Cartney. Por suerte luce mucho más atractiva que él.
Bueno, me preparé el sábado y entré al garage. Entré al garage con mi batería. Es una buena bateria, que he armado a lo largo de mi larga vida. Y escuché gritos de mujeres peleándose. Obviamente, eran la vocalista y la guitarrista. Hay que decirlo, son novias. Hay una razón por las que hay muchas menos mujeres homosexuales que hombres homosexuales: porque las mujeres, cuando pelean, son malas. Muy malas. Los hombres pelean solamente cuando uno le saca la novia a otro o cuando le rayan el auto: las mujeres, cuando pelean, pelean.
Y desgraciadamente la pelea no tenía nada que ver con la música.
- El jueves- decía Ferdinanda- es Acción de Gracias. Tienes que ir a mi casa. Mamá te está esperando con una cheese cake.
La respuesta de Drusilla fue terminante y espantosa y la que nunca, nunca, se le debe dar a una mujer.
- Odio a tu madre.
Y entonces ocurrió lo inevitable: Ferdinanda arrojó su pandereta al suelo y se fue afuera.
- Su madre es insoportable- dijo Drusilla.
- Si, claro- dijo mi sobrina, que a propósito se llama Goldie.- Es una mujer insoportable. Como la mía. Y como la tuya. Y seguramente como la de tuya, tío.
Me quede helado. Jamás a nadie se le hubiera ocurrir llamar a mi madre insoportable. Mi madre era peculiar. Le gustaba el helado de fresa y chocolate, leer sobre cocina francesa y llorar en el cine. Ese es todo el recuerdo que tengo de mamá. Cometí la imprudencia de expresar este pensamiento en voz alta.
- Pasa, tío, que no eres mujer. Tu madre, en tu vida, es una triste anécdota. Todas nuestras madres son perras con nosotras, en el peor de los sentidos. Yo se lo he perdonado ¿sabés porque se lo he perdonado? Porque a los siete años ví Fuenteovejuna con ella y ahora, gracias a eso, puedo recomendarle películas en Netflix. Pero nuestras madres quieren que seamos siempre las mejores y eso es imposible. Fíjate bien: la madre de Ferdinanda acepta que su hija sea lesbiana, y adora a Drusilla, pero, pero, tienen que ir a Acción de Gracias. ¿Por qué? Las dos son judías. ¿Qué tienen que agradecer los judíos en Acción de Gracias?
- Nunca lo había visto de ese modo- dije.
- El problema de la familia es que nunca ninguna reunión familiar termina bien: ni los bautismos, ni los bar mitzbah, ni la Navidad, ni los funerales. Uno siempre termina pensando ¿porqué toda esta gente es de esta manera? ¿Por qué no me dieron en adopción? Toda la gente piensa eso: imagínate que bien hubiera terminado la historia de Jesucristo si, en vez de parirlo en un pesebre, se lo hubieran dado en adopción a una familia romana de alta alcurnia. Pero no, tuvieron que huir de Herodes, tuvieron que enseñarle la Torah, tuvieron que circuncidarlo y al pobre hombre a los treinta y tres años lo crucifican. Hasta John Lennon tuvo más suerte que él. Claro, después dicen que resucitó, pero antes lo crucificaron. ¿Por qué? Sabes que soy italiana e insoportablemente lógica, pero ¿quién ama realmente a su familia? Mira la saga de El Padrino ¿quién sobrevive en el Padrino? Casi nadie. Un desastre. Es mentira lo que dice Tolstoi: no hay familias felices.
- Desgraciadamente tienes razón- le dije.
- Por eso a los únicos que admiro son a los rusos. A ellos vodka y nieve solamente. Nos invade Hitler. No importa. Traigan mucho vodka y muchas mujeres y nos vamos a Stalingrado. En algún momento los nazis se van a cansar de escuchar a Wagner, van a agarrar el vodka y se van a rendir. Y cuando se rindan les daremos vodka y mujeres y tendremos muchos hijos y seremos muy felices y eso es ganar una batalla.
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