miércoles, 20 de marzo de 2019

La muerte de un rey. 68° parte,

                                                                            and she took a small silver wrath
                                                                            and pinned it on to me
                                                                            she said, this one will bring you love
                                                                            and I don´t know if it´s true
                                                                            but I keep it for good luck

                                                                                               Bright Eyes

                                                                                   Rodrick, Washington D.C., 2021

Aunque no le gustaba Saucette (le parecía una imitación mediocre y pacata de los pequeños bistrós franceses, esos milagros que solo tenían treinta y cinco sillas y tres estrellas Michelin) aceptó encontrarse allí con Pauline. No iría solo; lo acompañarían Amparo con Eliza y Lermoune Filland. Pauline había sido clara a ese respecto: el encuentro tendría que ser en un lugar público y el tendría que llevar gente que corroborara lo que le había contado por teléfono. Temía por su salud mental. Si no iba con otras personas, tendría que hablar con sus padres. Ella, por su lado, llevaría a Neville y a Fleur Delacour. Fleur se portara mal y Neville se portará bien, al revés que en casa, le había dicho casi sonriendo por Skype. Su marido, tan Kennedy, tan serio, tan formal, no tendría problema en una reunión con un viejo amigo de la universidad; además, el también entendía que Pauline estaba preocupada por la salud mental de Rodrick y quería ayudar, en la medida de lo posible. ¿Quieres tarta con ensalada o pescado con puré? le preguntó Amparo.
Tarta con ensalada, respondió él.
Tuve que traerle estofado con fideos en un tupper a Eliza, le dijo Amparo a Lermoune Filland. Creo que me salió como el tuyo. Desde que le contaste el cuento del niño que se volvió piedra negra por no comer sus fideos es lo único que come. Bah, eso y caviar Beluga. Y más de una vez la ví beberse los Red Bull del húngaro. Pero es lo del caviar Beluga lo que me preocupa, en realidad.
Haz caviar falso, dijo Lermoune Filland.
¿Se puede falsificar el caviar? preguntó Rodrick. Pero nunca pudo averiguar la respuesta, porque allí entraba Pauline, con dos niños que parecía mellizos pero que no lo eran: la niña casi igual a Eliza, salvo que vestía más perfecta y almidonada, el niño medio manchado y embarrado.
Hola, que tal, les dijo Pauline a Rodrick, a Lermoune Filland y a Amparo. ¿Ya ordenaron? Yo solo tomaré té con sandwich de roquefort, estoy llena, vengo de un almuerzo en casa de amigos.
Ahora llamó al mozo, dijo Lermoune Filland. Yo pediré el voul au vent de cuatro quesos con ensalada césar y la tarta de manzana con helado.
Eres peor que Eliza. Siempre pides lo más caro de la carta, dijo Amparo.
Will me dió la extensión de su tarjeta.
Bueno, dijo Pauline. Carraspeó. ¿Ella es Eliza? ¿Tu eres Amparo? ¿Todo lo que me dijo Rodrick es cierto?
Si, dijo Amparo. Por favor, no lo encierres en el manicomio. Es lo único que te pido.Rodrick es un puto genio. Y es la única persona que nos quiso ayudar de verdad.
Pero, dijo Pauline...
Mamá, quiero tarta de manzana y helado.
Yo también.
Fleur y Neville, los hijos de Pauline, hablaron casi al unísono.
Bueno, pero para compartir, dijo Pauline.
Puedo pagar una para cada uno, comentó Lermoune Filland.
Está bien, fue la respuesta pensativa de Pauline. Tanto Lermoune Filland como Amparo la miraban desconcertadas; Amparo y Lermoune era ambas muy bonitas, pero Pauline eran de esas mujeres demasiado hermosas, como Mónica Belluci o Michelle Pfeiffer. El silencio era incómodo.
Entonces Pauline pudo terminar su frase.
Pero pueden morir. No solo Rodrick, todos ustedes pueden morir.
Amparo miró a Lermoune Filland y luego a Rodrick. Casi se largó a llorar. Lermoune Filland intentó defender a Amparo.
Es su hija. No puedes ser así.
Puedo ser así. Le están pidiendo a Rodrick que sacrifique todo solo ¿por qué? Son monstruos del egoísmo. Yo estaba pensando en que Rodrick había enloquecido, pero esto es mucho peor.
Pauline se levantó
No quiero discutir con gentes como ustedes, les dijo, y salió de Saucette.
Ahora si Amparo empezó a llorar. Desgraciadamente Eliza se despertó al oir el llanto de su madre.
Es lo que pienso cada noche, dijo Amparo.
No volveré a llamar a Pauline, pensó Rodrick. No volveré a verla nunca más.









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