sábado, 16 de marzo de 2019
El caso Daniel Santoro
El caso Daniel Santoro es muchísimo más grave que el caso Natacha Jaitt y que cualquier escándalo del verano en Mardel o en Villa Carlos Paz. Y lo que me pareció más grave de todo fue que Daniel Santoro haya "filtrado información" sobre Romina Manguel y que luego sus colegas periodistas de Fopea lo hayan defendido porque aparentemente Daniel Santoro es un pobre periodista perseguido por la censura. Escuché muchas veces a Romina Manguel en la radio, es una periodista especializada en judiciales, como Irina Hauser, como Raul Kollman. Hace muy bien su trabajo. No me parece una persona de izquierda, para nada; si tuviera que definir su pensamiento, pienso que probablemente es de centro o de centro derecha. Y no veo ningún tipo de urgencia de que los datos sobre la vida y ocupaciones de Romina Manguel salgan a la luz pública; porque con más razón podríamos todos nosotros, ciudadanos argentinos, los datos privados de Daniel Santoro, de Marcelo D' Alessio, de Bonadío, de Mauricio Macri y de Hector Magnetto. ¿Desde cuando está bien entre colegas periodistas que uno le pase los datos de otra colega a un abogado, trucho o no? Ya pasamos la secundaria hace rato. Si uno quiere ser respetado como periodista, no puede ampararse en la libertad de prensa para hacer cualquier cosa, para después quejarse de que a los otros periodistas no les gusta; para ser periodista hay que tener el coraje de un fotógrafo o de un movilero de Crónica, que están en la calle y filman lo cotidiano. Si no tenés el coraje de estar en la calle, de sacar fotos, de contar la realidad, hace todas las columnas de opinión que quieras; pero por favor, respetá a tus compañeros y si te sacan de un programa, no pidas que tus colegas te defiendan. Andá a trabajar a una fábrica o hacete albañil. Los periodistas, para exigir tanto respeto, deben empezar por respetar su trabajo y respetar el trabajo de sus colegas: hombres o mujeres, casados o solteros, pobres o ricos. Si no lo pueden hacer, por favor, consigan un trabajo decente; barrer la vereda no está tan mal de vez en cuando.
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