martes, 26 de marzo de 2019

Defensa del policial de salón

Puedo defender el policial de salón, pero ya lo defendieron mejor que yo Borges, Chesterton, Agatha Christie y Edgar Allan Poe. La diferencia fundamental entre un libro y una crónica periodística es que el lector cuando abre el libro sabe que todo es falso; cuando lee una crónica periodística tiende a creer que todo es verdad. Por eso digo que Martín Caparrós es mejor escritor que Stephen King, que Mario Vargas Llosa, que Jorge Luis Borges y que William Shakespeare; porque cuando leemos La Voluntad o La Crónica tenemos el sabor de la realidad, ese sabor casi inasible, casi un perfume o una música a lo lejos. Desde hace aproximadamente setenta años creemos que el único policial posible es el policial negro e incluso los ingleses e incluso Stephen King e incluso yo, cuando escribo policial, escribimos policiales negros. Y sin embargo una novela policial negra es mucho más artificial que un cuento policial de Agatha Christie o de G. K. Chesterton. La realidad es generalmente mucho más simple que la literatura; la literatura la complejiza, la artificializa para volverla interesante. Ejemplo: nadie va a leer una novela basada en mi vida diaria, porque es rutinariamente aburrida. Lo cual es una suerte, porque si mi vida fuera compleja, dura y áspera, no podría escribir. Por eso pienso, y en esto concuerdo con el escritor Guillermo Martínez en que el policial de salón es necesario: la gente ama creerse más o al menos tan inteligente que el escritor. Es parte del pacto secreto autor-lector: todos los escritores lo usan, y si no no podrían escribir. 

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