viernes, 8 de marzo de 2019
El mal menor
Una nota excelente de Martin Caparros hoy en el NY Times nos dice (desde el NY Times) que los argentinos no tenemos elecciones. Que somos rutinariamente aburridos. Que la mitad de los adultos argentinos no van a votar a Macri, porque -argumento irrebatible- no les cae bien. Y la otra mitad de los adultos argentinos no va a votar a Cristina usando, exactamente, el mismo argumento: no les cae bien. Pero probablemente la nota más leída por los argentines sea la que da Pamela David, estrella mediática, diciendo que va a ser la voz de los que no llegan a fin de mes. Ilusión un poco vana de Pamela David; ella jamás va a saber realmente lo que no es llegar a fin de mes. A lo sumo puede llegar a preguntarle a un cartonero o a una mucama cama adentro como es su extraño modo de vida, que no incluye carteras importadas ni asesores de imagen: pero jamás en su vida Pamela David va a saber lo que es no llegar a fin de mes, y tiene la suficiente inteligencia como para omitir ese dato, obvio para cualquiera, excepto para las feministas radicales y los hombres menores de diecisiete años. Como los argentinos somos los campeones morales del aburrimiento, debo declarar que no me interesa demasiado la vida de Pamela David; la supongo sofisticadamente monotona, como la de todas las mujeres demasiado hermosas que pasan una cierta edad. Lo de Macri y Cristina tampoco me preocupa demasiado; supongo que los argentinos, que somos todos derechos y humanos, eligiremos al mejor. Y a fin de año llegaremos a navidad y todos seremos felices y comeremos perdices, a no ser que el dólar aumente a mil pesos. Si no, nada grave ocurrirá, excepto el estreno de la temporada final de GOT y la segunda parte de Avengers Infinity War. Asunto que, con las debidas disculpas a Pamela David, a Mauricio Macri y a Cristina Fernandez, me tiene sobre ascuas o como diría mi bisabuela -a quien no conocí- muy preocupada.
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