lunes, 4 de marzo de 2019
La idealización de la juventud.
Uno de los males de nuestro siglo es la juventud con principios de calvicie. Es un poco triste pero es cierto; una persona de treinta años piensa que es joven y, peor aún, que tiene muchos años de juventud por delante. Uno a los treinta años es cualquier cosa, menos joven y la juventud ya no queda adelante, sino atrás y bastante atrás. Nadie es joven a los treinta, aunque sea soltero, no tenga hijos y viva de la herencia de su abuelo. Me preocupo mucho cuando en un suplemento de espectáculos ponen "escritor joven y transgresor" o "músico joven y transgresor" y abajo de la foto aclaran que tiene treinta y cinco años. A los veinticinco años Mario Vargas Llosa había escrito La Ciudad y los perros, la había publicado y no creo que haya demasiado transgresor en la escritura de Vargas Llosa. Neruda publicó sus primeros poemas antes de los veinte años y esos poemas eran tan rigurosamente canónicos que muchos de ellos eran sonetos. Charly García formó Sui Generis cuando tenía menos de veinte años y no hay nada juvenil en Canción para mi muerte. No reivindico la vejez; considero que llegar a viejo no es un mérito en sí, sino una combinación de buena suerte y cuidado de la salud básica. Pero ¿que tiene de bueno exactamente ser joven? En el mundo actual todo tiene que ser nuevo, fresco, transgresor, cool y moderno. ¿Por qué? Nadie en su sano juicio dejaría que lo operara un cardiocirujano sin experiencia en el quirófano. No entiendo porque si aceptamos consejos de influencers a la hora de comprar ropa o ver una película. Entiendo a los influencers: yo también a los dieciocho años pensaba que todas mis ideas eran muy originales. Pero los años corrigieron esa triste creencia, y leyendo y viendo películas y viviendo descubrí no solo que mis ideas no eran muy originales sino que estaba equivocada en muchas cosas. Se pierden muchas cosas cuando se deja de ser joven, pero se gana algo muy importante; el respeto a uno mismo. El decir: uno pudo ser más o menos como uno planeaba ser cuando era chico, no algo transgresor, ni novedoso, ni cool sino esa persona que uno quería ser cuando era chico y pensaba que el mundo de los adultos era lejano e inalcanzable.
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