martes, 5 de julio de 2016
Delegada gremial en época de guerra.
Che, pedazo de hijo de puta, a mi me eligieron delegada, que te pensás. ¿No me querés atender? ¿Me cerrás la puerta? Es un aumento lo único que queremos, la guita no nos alcanza para nada, de pedo que llegamos a fin de mes. Voy a hablar con los otros de la redacción, pero todos te tienen un cagazo. ¿Que querés? Yo tengo que comprar fideos, aceite, y libros, porque mi viejo no me los presta nunca, el amarrete de miércoles. Toda la bibliotequita impecable: estoy entre comprarme el Libro de Manuel o La Patagonia Rebelde, porque me dijeron que está buena, El pelotudo de mi viejo me reta porque rompo todos los libros y los subrayo: él, todo ordenadito, todo Borges y Milcíades Peña y La Odisea, que no sé porque mierda la lee mientras explotan las bombas. Que tipo denso que me tocó de padre, che. Hasta para escribir es aburrido. Vos sos otro denso como él: abrime la puerta ya mismo o empiezo a reventarla a patadas. Te pensás que yo tiemblo ante un telegrama de despido, fucking idiot.
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Razones por las que no soy delegada gremial ni lo seré nunca.
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