domingo, 3 de julio de 2016
El miedo a peniques.
Lo mejor de la serie Penny Dreadful es que conjuga una época espantos en Inglaterra, la era victoriana, donde la hipocresía llegó al máximo de enjuiciar a Oscar Wilde por ser homosexual con las leyendas de terror escritas en esa época. Para apreciar en su totalidad la hipocresía de la sociedad victoriana en su conjunto hay que leer el libro The American, de Henry James: todos los aristócratas europeos que aparecen allí son monstruos del egoísmo y de la codicia, del engaño y del subterfugio. Un poco como en La Edad de la Inocencia, de Edith Warthon, que como bien dijo Socorsesse cuando la llevó al cine: es lo más violento que existe. En The American el único héroe es el americano, que no pertenece a ese mundo, y que cuando tiene la oportunidad de vengarse, elije no hacerlo, marcharse, olvidar todo eso para siempre. En la Inglaterra victoriana se conjugaban Jack el destripador, los fumaderos de opio, la mendicidad, la suciedad, los asilos. Y sin embargo, en esa Inglaterra tan decadente nace Charles Chaplin, que daría muchas de las mejores películas del siglo XX. Los únicos que veían con claridad el desastre que era esa sociedad donde los ricos gastaban miles de libras esterlinas en un baile y los pobres eran encerrados por mendigar, eran los escritores. Por eso la mayoría de las mejores obras inglesas del siglo XIX son de terror: porque el terror era la única manera de conjurar el espanto de un imperio en decadencia.
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario