domingo, 17 de julio de 2016

La universidad pública y gratuita.

La verdad, cada sistema universitario tiene sus propias reglas y yo no voy a ser quién para pensar cuál es el mejor o el peor sistema. Lo maravilloso que tenemos en la Argentina es que desde hace casi cien años tenemos gratuidad del sistema universitario, lo cuál le abre las puertas a cualquiera. Un chico que vive en la villa del Retiro puede ir a estudiar medicina a la UBA y recibirse de médico. Un chico del barrio La Tablada puede estudiar licenciatura en Letras en la UNR y ser profesor de literatura. Una chica de Ituzáingo puede ir a la Universidad de San Martín a ser periodista y ser una futura gran fotógrafa. Un pibe chorro criado en la calle puede ir a estudiar teatro a un taller barrial y a partir de ahí transformarse en un gran actor. Hasta Diego Maradona pudo ir a una técnica y si no se recibió es porque es Diego Maradona. Lo único que me preocupa del sistema universitario argentino es cierta dejadez que noto últimamente, como diciéndoles, aprobémoslo porque total. En la facultad donde trabajo no es grave, nadie va a ir preso si no distingue a Marx y a Kant, pero en el campo de la medicina y de las ciencias duras, es gravísimo. Un ingeniero tiene que saber como se construye un puente, un médico cirujano tiene que saber hacer una operación de corazón, una enfermera tiene que saber salvar a un bebé con tos convulsa. Hasta un farmacéutico tiene que saber lo básico de farmacia, no comprar el título: solamente por amor propio, por decir esto lo pude hacer yo, este fue mi logro. Es el problema de la Argentina: todos somos ingenieros, abogados, escritores, artistas, periodistas. En el fondo no somos nada de eso. Somos opinólogos. Hablamos de lo que no conocemos muy bien y por eso cuando vamos a restaurants y al mecánico (uno de los oficios más difíciles del mundo) nos estafan.

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