viernes, 8 de julio de 2016

Hebe de Bonafini

Lei el libro autobiografico de Hebe de Bonafini cuando tenia trece años. Algo de bueno tiene ser muy lectora: podés enfrentarte a realidades terribles sin que te tiemble tanto el pulso. Pero lo que más me conmovió de ese libro es que la vida que contaba Hebe de Bonafini era igual a la vida que había tenido mi abuela: dura, trabajadora, tratando de hacer lo posible para sacar la familia adelante, haciendo una pequeña cosa cada día. Mi mamá tuvo que salir a trabajar para darme de comer y fué mi abuela quién se ocupó de mi, de lavarme, de vestirme, de peinarme, de malcriarme (porque yo soy muy malcriada, obviamente). Cuando leí ese libro entendía lo dura que debe haber sido para mi abuela la década del setenta y por eso, cada vez que alguien me hablaba mal de ella, por lo que fuera, me enojaba. Y mucho. Y murió hace trece años y me sigo enojando si alguien dice algo malo de ella. Para casi todas las otras personas, por ahí mi abuela no era tan buena: pero fue ella la que me crió así que exijo que cada vez que alguien hable de ella la respete, por lo menos.

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