martes, 5 de julio de 2016
Bioy Casares.
Preferir a Bioy Casares antes que a Borges y a Silvina Ocampo es una jugada arriesgada: a Borges lo amparan los pergaminos, a Silvina Ocampo el feminismo mal entendido. Pero para mi siempre Bioy fue el mejor de los tres: fue el que los sobrevivió, el que cuidó de los dos, el que mejor entendió que la gloria literaria es nada o casi nada. Tuvo la generosidad de ser feliz hasta el último instante de su vida y esa generosidad se destila en sus cuentos, que se burlan de las mujeres, de las guerras perdidas de los hombres ante sus mujeres, del fin del mundo, de la aristocracia argentina, siempre tan gaucha e inglesa, de los peronistas, de los radicales, básicamente de él mismo. Desde que leí Antología de la Literatura Fantástica, siempre quise ser como él: tener ese amor por las cosas que solo despierta la verdadera lucidez, la que sabe que el verdadero egoísmo de la vida está en quienes buscan la aventura a cualquier precio, aún a costa de su propia sangre. Las mujeres podríamos reprocharle sus muchas infidelidades, pero por algo Silvina Ocampo nunca lo abandonó: además Bioy Casares amó mucho más a la mayoría de sus amantes que ellas a él, las entendió mucho más, las admiró mucho más. Todas las mujeres literarias de Bioy son épicas: desde Milena, llena de mataduras y de reproches, hasta Leda, que quizás vuelve o no vuelve en El lado de la sombra.
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