martes, 26 de julio de 2016

Mother in thousand of years

Me gustaría que mi madre fuera mi heroína.

No lo es y no lo será nunca.

Fue la sombra que me cobijaba,
la que bordaba sábanas  y lavaba los pañales,
la que cantaba canciones quedas como modinhas,
la que se burlaba
suavemente
de mis ansias de ser Scherezade
o Tom Sawyer
o D'artagnan.

La que rechazaba con suave burla a todos mis pretendientes
cómo diciéndoles
no se dan cuenta de que la nena es trotskista
y que las trotskistas no se casan
porque no hay nadie que haya leído
durante horas interminables
el origen de la familia,
la propiedad privada
y el Estado
de Engels
para luego claudicar ante un anillo de brillantes
o ante una mansión en Hollywood.

La que más se enojó cuando supo que iba a ser madre
la que más se enfurece cuando alguien habla
mal de su nieto
que para ella
obviamente
es sagrado
como todos los nietos lo son
para las abuelas
sobre todo las que se llaman Ana.

Mi madre es aún hermosa
tiene el cabello oscuro y los ojos son pura sombra
y tiene la sonrisa más luminosa del mundo
y para Ezequiel
es su madre de reemplazo
la que a está
cuando yo no estoy
cuando tengo que irme
cuando regresar es demasiado complejo.

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