viernes, 1 de julio de 2016
Mi madre es una nerd o todo sobre yo como madre.
Siempre me pregunté como me vería mi hijo como madre. Una vez le dije en broma a Leandro Arteaga, un día mi hijo va a escribir el libro: mi madre es una nerd. Y sí, entre llevarlo al fútbol o a la plazita, lo normal que hacen las madres los fines de semana, yo lo llevaba al cine: Hulk, Spiderman, La Guerra de las Galaxias, todas las de Disney, Harry Potter, la Era del Hielo, Shrek, Wolverine, los X Man. El primer regalo del día del Niño no fué un sonajero (el pobre chico tenía cuatro meses). Fue un libro. Para bebés. Ahora el chume es capaz de pedirme el libro Under the Dome o Fatherland y decirme si le pareció bueno o malo, y casi siempre tiene más razón que yo. Creo que el tiempo me dió la razón en esta crianza tan sui generis, tan sin Osho, ni Bucay, ni Coelho, ni Freud ni Lacan. Mi hijo me salió zen. Es zen: es imposible discutirle. Tiene razón en todo. Una le pregunta ¿que querés comer esta noche? ¿Pollo, pescado o ensalada? Las tres opciones me agradan, contesta. Si se cae de una escalera, no llora. Dice: me ha ocurrido un accidente. Si una chica que le gusta no le hace caso, no hace nada. Nada. No habla mal de ella, no se me queja, no me dice esa chica mala no me da pelota. Sigue siendo su amigo. O sea, ¿que se hace con un hijo así? Algo, por favor, un poco de dramatismo, de mamá te necesito, de mamá preparame una torta. No. Por eso siempre le hago caso: Ezequiel siempre tiene razón.
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