martes, 12 de julio de 2016
El verdadero problema de la maternidad (consejo para madres primerizas)
Ni el ajuar ni la mamadera. Ni la ropita. Ni el sexo. Ni siquiera el coeficiente intelectual. El verdadero problema de la maternidad es el nombre que le vas a poner a tu bebé. Ya el ecógrafo te desilusionó diciéndote que es un varón, así que a dejar de atrás Abril, Lila, Violeta u otra posibilidades preciosas. No solo eso; ya te privó también de una fiesta de quince, de un casamiento, de miles de salida al shopping, Resignación. Un poco de rencor, Y después pensar, por lo menos que odie el fútbol. Ezequiel es lindo nombre. Suena a profeta; bah, es el nombre de un profeta. Ya habrá tiempo de arrepentirse en la sala de partos. Y entonces nace. Y es Ezequiel, no puede tener otro nombre. Agustín de segundo nombre por las dudas. Y el apellido de una, por supuesto. Al principio no son tan lindos y duermen todo el día. Es raro. Después empiezan a gatear y a hacer quilombo y una, invitablemente, se encariña. Se encariña tanto que cuando ya tienen dieciséis y ya para ellos somos los padres, nosotros seguimos viendo, inevitablemente, a ese bebé. Es algo complejo la maternidad: es difícil de entender como algo que estuvo durante nueve meses dentro de nosotras de pronto es un casi adulto, que va a emprender su propio camino. Que no es el nuestro. Que cometerá nuestros mismos errores. Y algunos diferentes. Y algunos quizás terribles. Nos empezamos a equivocar desde que nacemos.
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