martes, 26 de julio de 2016
El Tata Cedrón o como uno quiere a gente que no conoce de la manera más inverosímil.
Jamás me hubiera animado a amar el tango si no hubiera sido por Julio Cortázar. Para nuestra generación, el tango siempre fue la música de los viejos. Nuestra música era el Rock. Seru Giran, Sumo, Divididos, hasta Los Auténticos Decadentes. El tango era eso que se cantaba en el programa Grandes Valores: los temas eran buenos, nadie lo negaba, pero eran de nuestros padres, como el folklore y el Cuarteto Zupay. Y entonces una lee un libro de Córtazar que se llama Un tal Lucas y en ese lugar aparece una familia misteriosa que vive en París y se llama Cedrón y una se sorprnede de que esa familia, que vive en la lejanísima París quince años antes de la lectura del libro sea igual a la de una. Los chicos que se tiran en kamikaze desde los modulares mientras la familia come empanadas de procedencia dudosa. Pero, una tiene ganas de decir, eso somos nosotros. Cortázar, sos un chorro. Ya te moriste, sino te cobrábamos derechos de autor. Y entonces se llega a la conclusión de que todas las familias argentinas son exactamente iguales y le entra una especie de amor extraño por esos desconocidos y es algo tan raro querer tanto a gente que una no conoce para nada, pero es como si fueran nuestros vecinos de al lado o nuestros primos lejanos.Y una empieza a amar el tango por exactamente esas cosas.
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