martes, 5 de julio de 2016

Responsabilidad empresarial argentina.

El año pasado fui a Costa Salguero, a la Comic Con. Hacia un calor de órdago adentro y obviamente, la mayoria estaban disfrazados. La Comic Con estuvo buena: lo vi a Theon Greyjoy, en persona, al elenco de Kriptonita (gran libro, gran película). Conseguí un poster autografiado de Gonzalo Kenny, genio absoluto. Me compré Watchmen con ahora 12. Para comer había que hacer una cola bárbara, pero igual me las ingenié. Y hacía un calor de órdago.
No tengo nada contra las fiestas electrónicas. Cada uno disfruta su fin de semana como quiere, para eso están los fines de semana. Ahora, yo pienso como madre y ahora si voy a levantar el dedo admonitorio, que hacer una fiesta electrónica en ese lugar y cerrar las canillas para vender agua y cobrar el agua carísima y encima saber que en las fiestas va a correr metaanfetaminas, es ser un criminal. No hay otra palabra para eso. Es que no te importe un carajo si se mueren o no se mueren cinco, cuatro o diez chicos. Fueron cinco solamente, pero para sus familias fueron sus hijos, sus hermanos, sus primos. Para sus amigos fueron sus amigos. Un caso similar pasó a fin de año en una quinta. Una chica murio ahogada en una casaquinta. ¿Nadie se dió cuenta? Mentira: nadie quiso darse cuenta, total, total solamente se había muerto una chica. Lo peor de todo es que para evitar la cárcel la gente que hace esas cosas se ampara en todos los subterfugios legales posibles: yo no vendía las metaanfetaminas, fué un árabe, un ruso o un colombiano. No, no vendías las metaanfetaminas, pero hiciste una fiesta electrónica en un lugar caluroso y dejaste a la gente que iba ahí sin acceso al agua, que es el derecho más básico de un ser humano. Es obvio que tu negocito no eran las metaanfetaminas, eso es para la gilada. Tu negocio es vender botellas de agua. A cien pesos la botella, cuando en cualquier kiosko se compra a veinte pesos. O sea, no seas chanta. Sos culpable de la muerte de esos cinco pibes, que podrían haber sido veinte, treinta o cuarenta, por lo que a vos te importa. Y encima la justicia dice que es homicidio culposo. ¿De en serio? ¿Si yo encierro a un gato en un horno encendido sin abrirle la puerta es gaticidio culposo? Ahí hay alevosía, hay preterintencionalidad desde donde se lo mire. Y lo peor de todo es que lo hiciste para ganar unos manguitos. Ojalá que los juicios civiles que se traguen estos giles que piensan que saben algo de derecho los dejen sin nada. Nunca hay que desearle el mal a nadie, y no les deseo la muerte: si la pobreza más absoluta.

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