lunes, 4 de julio de 2016
El mal posmoderno
No me voy a detener acá a discutir si la tortura es mala o es buena, porque es obvio que es mala, primero para el torturado pero también para el torturador. En ese siglo tan decontracté, ya no se discute eso, además: solo se discute en que casos usarla. Entonces, si vamos a ponernos posmo y a hablar sobre el sexo de los ángeles, yo voy a argumentar en contra usando como base a Umberto Eco: la tortura no sirve para sacar información porque el torturado, pasado ciertos umbrales de dolor intolerables, empieza a delirar. Ya no distingue realidad y fantasia. Empieza a contar no solamente las cosas malas que hizo, sino también las cosas malas que querría hacer si pudiera. Y después el que extrajo información de esa manera (nótese el lenguaje técnico que utilizo) tiene que seguir las pistas del delirio paranoico de un quebrado, que obviamente son delirantes. Tan delirantes como muchas de las cosas que se repiten por los medios de comunicación masivos. Y después se preguntan porque ocurren masacres como las de Columbine. Primero de todo: dos adolescentes de quince y diecisés años, la edad más niesztchiana, más oscura, con acceso a armas de repetición. Con acceso a armas de repetición, con la cual podés matar a tres personas en un segundo. Segundo: una institución educativa, la escuela, que evidentemente en EEUU está pensada más como negocio de lucro que como educación verdadera, con valores. Lo único que hace el sistema educativo norteamericano, mal que le pese a todos los norteamericanos, es cobrar la cuota. ¿Que clase de profesor de Highschool le dice a sus alumnos vos no llegarás a nada, sos un perdedor y vos, porque tenés un padre abogado, sos un triunfador? Uno pésimo. Hay que echarlo a un profesor que dice eso, porque tendrá todos los pergaminos que quiera mostrar, pero es bruto. Muy bruto. Tercero y esto no le va a gustar a nadie. El mensaje de los medios. El medio es el mensaje. Una chica hermosa como Charlize Teron es igual al J'Adore de Lancome, que cuesta unos cuantos dólares. La única manera de triunfar en la vida es siendo hermosos, ricos, inteligentes, y sobre todo, consumidores activos. De todo. Hasta de cocaína y de marihuana. Hasta de éxtasis. Negarnos a fracasar. No hay humano que aguante eso dos días. No hay ser humano al que no le duela la espalda, que no odie un poco a sus padres por haberlo traído a este mundo, que no dude sobre la existencia de Dios, que quiera a sus hijos y a la vez los deteste un poco porque por culpa de ellos ya no puede irse a París en vacaciones, como cuando era soltero. El ser humano es un error de Dios, exista o no. Y es un error de Dios porque, justamente, puede negarlo. Es el único animal que lo hace. En eso consiste la humanidad.
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