jueves, 28 de julio de 2016
Los muchachos del PRO no saben bailar cumbia
Diario de Germán.
La Peco lloró tanto, pero tanto tanto que al final entre Julián y yo (hasta Juancito ayudó un poco) la trajimos a mi departamento y nos quedamos a dormir en el living. El único que no durmió, obviamente, fue Juancito que aprovechó nuestra siesta nocturna para vaciar la heladera de postres Danette y Serenito. Nos despertaron a las ocho de la mañana el portero eléctrico.
- ¿Quién es?
- Soy yo- dice Patricia.- Abrime por favor.
Le abro.
- No la quiero ni ver- dice la Peco- Karen, Amalia y ella son unas forras. Siempre la cubrieron a Karen, siempre, siempre...- Y vuelve a llorar.
Con Julián nos miramos. ¿Qué hacemos? La Patri ya bajó del ascensor y está tocando la puerta.
- Salgo yo y hablo con ella- les digo.
- Germán- me dice Patricia- Amalia hoy no pudo ir al trabajo porque no pudo pegar un ojo en toda la noche. Yo tuve que mentir en la gerencia, matar a un abuelo que ojalá tuviera para que me dieran el día y venir acá para hablar con la Peco. No sé que historia se come esta boluda, pero Karen no salía con Gretel cuando estaba con ella, y nosotras no la cubrimos. La hemos cubrido en otras, pero en esta no.
- ¿Y Karen sabe como está la Peco?
Patricia me mira de arriba a abajo.
- Si. Sabe. Y está con Gretel. Y está de deprimida. Y encima Gretel en cualquier momento usa el vestido de novia que le quedó de su frustrado casamiento para casarse con ella.
- ¿Para tanto?- le digo yo.- ¿Tan pronto?
- Uy, me olvidaba. No, bueno.
- No- le contesto yo.- Entiendo. Entiendo perfectamente. Karen y Gretel son la nueva pareja top de Los Cardales. Encima Gretel tiene una boutique y a Karen le encanta el fashion emergency.
- Si- dice la Patri- en unos años las vamos a ver con tres niñitos rubios en algún evento. Pero el problema es La Peco y que Amalia y yo queremos que se convenza de que nosotras no tuvimos nada que ver. Que fue mala suerte, o bueno, si no se hubiera interpuesto Julián en el medio... Que se yo.
- Ahora imposible. Hasta Juancito le tuvo que decir tía Andre dejá de llorar.
- No, si la entiendo. La entiendo pero...
- Bueno, se sabe, la vida de las mujeres es complicada.
- No saben la suerte que tienen ustedes- me dice la Patri- Si se pelean se agarran a piñas.
- Yo no soy de esos.- le digo- Mi mamá nunca me dejó.
- Bueno, por un lado mejor.
- No sé- le contesto yo- En el colegio me decían el cobarde.
- Y, sí, viste como es el colegio. A mi me decían la dientona.
- ¿Y después?
- Después me crecieron las tetas, Germán, y ya no tuve tantos problemas con los ataques, si no con los elogios.
- Entiendo- le contesto yo.
- ¿No es triste que entendamos?
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