Siempre fue mi profesor favorito de historia del arte. Era muy bajo y muy débil y en sus últimos años andaba en silla de ruedas, pero todos sus alumnos lo adoraban. Un día vino el cafetero a quejarse del otro cafetero y nosotros dos nos matamos de la risa. El arte de perder. Lo extraño muchísimo: de todas las alimañas del desierto, era mi preferida.
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