martes, 12 de julio de 2016

Amistad.

Voy a hablar de uno de mis mejores amigos. Fue durante cuatro años, con una paciencia digna de mejores causas, secretario estudiantil del lugar donde trabajo. Ahora trabaja como no docente. Le deja su teléfono a todo el mundo, cosa que nunca debe hacerse y en algún momento, en algún rincón luna mía rendirá la bendita tesina de Bellas Artes. Y se recibirá de Artista, sin h. Después no sé que hará de su vida, porque la verdad, la verdad, un título de licenciado en Bellas Artes no sirve de mucho. Nunca me mostró ninguno de sus trabajos, que yo recuerde. Diseñó para nuestra oficina un armatoste de cinco metros que es una real invitación al alpinismo. Y nos compró una cafetera eléctrica. Lo cual agradecemos mucho. Son esos pequeños detalles los que hacen la verdadera amistad. Es de River y yo de Central. Lo acompaño en el sentimiento.

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