viernes, 1 de julio de 2016

Marcelo Figueras.

Nunca leí ningún libro escrito por Marcelo Figueras. Nunca. Y sin embargo puedo afirmar, sin ponerme colorada ni tartamudear porque no estoy en un examen, que Marcelo Figueras es quizás el mejor escritor argentino, con algunos traspieces como por ejemplo el guión de Tango Feroz, película que en mi generación marcó época y que a mí me pareció la más pelotuda del mundo. Y voy a decir porque: yo había visto otra versión de la vida de Tanguito, protagonizada por Alejo Garcia Pintos, donde Tanguito no era el héroe de la historia, como la pintaba Tango Feroz, sino la víctima. El pobre pibe que se quiebra en el psiquiatrico después de escribir dos o tres canciones y que queda, en el corazón de sus amigos, como el cordero del sacrificio. Pero más allá de esta crítica para nada mal intencionada, que solamente marca una discrepancia de puntos de vista, Marcelo Figueras escribió en la revista Humor y en el Péndulo, creo el suplemento cultural Caín en Fierro, escribió notas policiales en Clarín, y ahora a veces escribe en el suplemento Radar de Página 12. Jamás encontré una sola errata en ningún texto de todos los leídos. Marcelo Figueras siempre tiene un punto y lo expone y abre interrogantes sobre eso: Cronemberg, Jim Morrison, el peronismo, un crimen al azar, Juego de Tronos. Hay pocas personas en este país con la capacidad analítica y empática de Marcelo Figueras y por eso lo aprecio tanto.

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