lunes, 11 de julio de 2016
Europa
Hablemos desde lejos sobre nuestros lejanos padres, los europeos. Una de las cosas más preocupantes de los últimos años es el recrudecimiento del racismo en los países europeos, paises a los cuales les costó tanto liberarse del nazismo, el fascismo, el franquismo, el stalinismo y otros ismos varios. Es inevitable que uno piense que la culpa de todo la tiene el vecino de al lado. Uno siempre piensa eso. Los niños muertos de Biafra le importan a muy poca gente, en realidad. Salen en la foto, uno dice que barbaridad, pero es muy difícil viajar a Biafra. El problema es la gente que tenés al lado: tus vecinos, tu almacenero, los taxistas, los colectiveros, los vendedores ambulantes, los kioskeros, Esa gente no piensa como vos, le gusta otra música, otra comida, tienen otra religión, algunos otra orientación sexual; algunos son extremadamente liberales y otros son extremadamente conservadores. Si uno lo piensa bien, el aparato propagandístico del nazismo fué perfecto: convenció al pueblo alemán hambreado de que la culpa la tenían los judíos del ghetto. No la Primera Guerra Mundial. No se preocupen, alemanes. A nosotros los argentinos también nos taparon la dictadura con un Mundial de futbol. O sea, a una persona le lleva más o menos cuarenta años darse cuenta que el arte de la política es el arte de lo posible. La idea de la felicidad es un poco compleja, porque en realidad cada cual es feliz a su manera. Lo que se le debe garantizar a las personas son los derechos humanos básicos, sobre todo no morirse: de hambre, de frío, de sueño, de una bala en la cabeza, atropellado por un colectivo o por una bicicleta, ser pisoteado por caballos o por tanques. El resto es siempre discutible, es siempre argumentativo y cada pueblo tiene su propia manera de hacerlo.
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