martes, 26 de julio de 2016

Joseph Conrad

Amo el siglo XIX. El siglo XX fué el triunfo desgraciado de la razón, el siglo XIX era cuando aún se podía soñar con algún tipo de utopía. Y lo mejor del siglo XIX fue su literatura, porque esos eran realmente escritores: Victor Hugo escribiendo en una Francia incendiada, Tolstoi recogiendo lo mejor de la memoria de sus antepasados para escribir La Guerra y La Paz, incluso José Martí, poeta cubano y libertario. Ahora la literatura transcurre entre cómodos congresos y lo peor que le puede pasar a un escritor es recibir una mala review en The New Yorker. Y eso por más que nos esforcemos. Yo vivo en el supuestamente barrio más peligroso de la ciudad más peligrosa de la muy peligrosa República Argentina desde hace cuarenta años. Y aquí estoy, escribiendo. He intentado arriesgar aún más mi vida yendo a visitar a mis parientes a la zona oeste. Pasan muchas motos a alta velocidad y algún tiroteo. Pero más allá de eso, nada. Las grandes historias pertenecen a otra época, indudablemente. Por eso me encanta Joseph Conrad, conde polaco que escribía en inglés: su cuento Juventud es sin duda el mejor retrato de la nostalgia de la juventud que se escribió nunca. Y la otra maravilla es The Heart of Darkness, El corazón de las tinieblas, la novela en la que se basó Francis Ford Coppola para filmar Apocalipsis Now, probablemente el mejor manifiesto antibélico de la historia del cine. El horror, el horror, dice el Coronel Kurtz al final y en ese momento el Coronel Kurtz es el Kafka de la Metamorfosis, el exacto momento en que nos damos cuenta que el insecto montruoso y Gregorio Samsa son, esencialmente, la misma persona y que ya no hay manera de que pueda redimirse porque no hay expiación posible en esa pesadilla.

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