jueves, 4 de octubre de 2018

Un aire de familia 14° parte


Tengo que viajar a París dentro de poco- le dijo Samuel a Hannah.-Pero me dá miedo por ti y por la niña.-Dejarlas solas aquí, con estas bestias.
-Puedo volver a vivir con mis padres- dijo ella.
  • No es buena idea.
  • No, es cierto.
  • Si envías dinero seguido, podré sobrevivir. Creo. Tengo algo de dinero guardado. En cuanto a Judith...
  • ¿Qué con ella?
  • Si veo que todo se complica demasiado, puedo enviarla con una de mis hermanas. Vive en una ciudad alejada, aún estos disturbios no han llegado.
    Samuel sintió, de pronto, una súbita ternura. Su esposa era tan ingenua en su reino de ollas, sedas y muñecas de paño.
  • No sé si hay ciudades alejadas ya.- dijo brutalmente.
  • No digas eso, Samuel- fue la respuesta de Hannah.- Algún lugar tiene que haber.
  • Las embajadas se están cerrando.
  • Basta por favor. Ya sé que soy una idiota que solo sé coser, y leer folletines, pero no digas que no hay maneras de salvar aunque sea a Judith.
    Samuel suspiró.
  • Tienes razón, es que el otro día casi me matan por nada.
  • Las cosas mejorarán. Hay que confiar.
  • Si, es cierto. Pero ¿en quienes?
  • Al menos aquí me queda Hoffmann. Ya sé que es un poeta decadente y tuberculoso y marxista, pero al menos ama a Judith más que a los versos pareados.
  • Oh, sí, pobre Hoffmann.
  • ¿Sabes lo curioso? A veces no soporto lo que dice, pero todas las tardes y todas las mañanas ruego que no lo maten por ser tan cabezadura.
  • Yo también lo hago.- dijo Samuel- Así estamos. Nuestro único amigo real es alguien a quién la muerte lo roza todas los días.
    Judith empezó a toser.
  • Vete a Paris, por favor- dijo Hannah- Judith necesita su medicina y yo tengo que cuidarla. Espero que no nos ocurra nada.


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